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¿Un final más feliz para la reforma del FMI?

NEWPORT BEACH – El Congreso de los Estados Unidos se ha negado a aceptar una propuesta de financiación del Fondo Monetario Internacional aplazada durante mucho tiempo, pese a que era una solución elegante que no entrañaba nuevos compromisos sobre recursos. En ese proceso, desbarató un acuerdo multilateral alcanzado en 2010, en el que el gobierno del Presidente de los EE.UU, Barack Obama, desempeñó un papel principal, cosa que resulta irónica para el resto del mundo, y lo hizo en un momento en el que los trastornos financieros que padecen las economías en ascenso están recordando al mundo la importancia de que se afiance sólidamente y se estabilice el núcleo del sistema financiero mundial.

Después de la decepción inicial, muchos abrigan la esperanza de que, después de un breve interludio, el Congreso vuelva a abordar la solicitud del gobierno de Obama sobre el FMI. Desde luego, tendrá varias oportunidades de hacerlo al ocuparse de otras propuestas de legislación financiera, pero, como las elecciones al Congreso se celebrarán al final de este año, pocos confían en que los legisladores estén dispuestos a cambiar de rumbo antes de 2015.

Se trata de un resultado desafortunado y lamentable tanto para el FMI como para la comunidad internacional en conjunto. La obstinación del Congreso está obligando al Fondo a desaprovechar una oportunidad para fortalecer sus finanzas en un momento en el que la mayoría de los demás países ya han aprobado esa iniciativa. También se le está impidiendo abordar, aunque modestamente, los déficits de gestión y representación que han ido erosionando constantemente la integridad, la credibilidad y la eficacia de esa importante institución multilateral.

Entretanto, la evolución de la situación mundial confirma que el reciente período de tranquilidad financiera sigue sin haberse consolidado. En lugar de estar afianzada con reformas fundamentales y duraderas, la calma actual se ha conseguido mediante el recurso a las políticas monetarias experimentales de los bancos centrales, en particular en los Estados Unidos, Europa y el Japón.