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Una triple victoria para los océanos, para el clima y para nosotros

WASHINGTON, DC – En noviembre pasado, algo lo suficientemente inusual sucedió en el medio del Atlántico Sur como para que un pingüino de penacho amarillo norteño local levantara una de sus largas cejas amarillas puntiagudas. El pequeño archipiélago de Tristán de Acuña, un territorio de ultramar británico, destinó más de 687.000 kilómetros cuadrados (una superficie más grande que Francia) de océano para establecer la cuarta área marina protegida (AMP) más grande del mundo.

Tristán de Acuña alberga las áreas de cría de más de tres cuartas partes de los pingüinos de penacho amarillo norteños que quedan en el mundo, una especie en peligro. Ahora que el ecosistema del archipiélago está protegido de la pesca industrial que tiene como blanco la presa del pingüino, los científicos esperan que esta especie icónica se pueda recuperar.

Más de la mitad de todas las reservas pesqueras en el Atlántico Sur son blanco de sobrepesca, lo que significa que las estamos sacando del agua mucho más rápido de lo que pueden reproducirse. A nivel global, más de tres cuartas partes de las reservas pesqueras son víctimas de sobrepesca, y la pesca total de peces salvajes ha venido declinando desde mediados de los años 1990. La pesca excesiva por lo tanto está afectando la seguridad alimenticia global.

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