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La vida en números

NUEVA YORK - La semana pasada supe que no tengo cáncer. Mi doctor me llamó diciendo: "¡Tengo buenas noticias para ti!" Afortunadamente en ese momento estábamos en mi oficina en medio de una simulación de evacuación en caso de incendio, así que nadie advirtió mis lágrimas de alivio.

Había encontrado la protuberancia hacía casi dos semanas antes, mientras estaba en una conferencia en Sudáfrica. Regresé a casa temprano para hacerme una biopsia, pero el laboratorio de patología era terriblemente lento... pasaban los días y ni una palabra de ellos. Claramente se estaban esforzando por averiguar exactamente la gravedad de mi situación. En realidad, estaban esforzándose por no perder nada de vista antes de concluir que mi tumor era raro pero benigno.

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Me había preparado para el diagnóstico por más de una semana... y en cierta medida, por años, a medida que cambiaba el énfasis de mis inversiones en "todo lo relacionado con Internet" a "todo lo relacionado con la salud". Resulta que comprender y promover la salud es una gran aplicación de la tecnología de la información. Cada vez más, la salud implica números. Muchos de esos números no son sólo probabilidades médicas: tienen relación con opciones cotidianas que uno puede decidir antes de enfermarse (o estar en peligro de estarlo, como era mi caso).

Como directora de 23andMe, una empresa en sus inicios orientada a proporcionar información genética al consumidor final, y participante del estudio de investigación del Proyecto del Genoma Personal (http://www.personalgenomes.org/public/3.html#Data_Sets), he estado estudiando cómo los genes afectan las probabilidades de una persona de contraer diversas enfermedades y cuánta influencia puede tener el comportamiento sobre ellas. Para la mayor parte de las personas y en la mayoría de las condiciones, las probabilidades genéticas de enfermarse son bastante menos del 20%. Más aún, independientemente del genotipo, uno puede elevar o aumentarlas a través de la dieta, el ejercicio, evitar el estrés y compartir con amigos.

No obstante, están surgiendo algunos planteamientos -y estadísticas- acerca de cómo las toxinas que encontramos en el mundo moderno afectan nuestro sistema inmunológico, lo que a su vez afecta la capacidad de nuestros cuerpos de combatir las células cancerosas. Todos tenemos células cancerosas todos los días, pero por lo general el cuerpo se encarga de ellas gracias a la fuerza obtenida de comer bien, hacer ejercicios y tener una buena vida social. Cuando el cuerpo se sobrecarga o debilita, el cáncer tiene una oportunidad adicional de triunfar, especialmente si se tiene vulnerabilidad genética a un tipo de cáncer en particular.

Antes de saber que estaba fuera de peligro -esta vez al menos- ya había comenzado a ponderar mis opciones. No tengo riesgos específicos de cáncer de mama: no tengo antecedentes familiares ni marcadores genéticos conocidos. Pero eso es así para muchas de las una en ocho mujeres que sufren de cáncer de mama alguna vez en la vida en los Estados Unidos. Considerando que tengo casi 60 años, probablemente no signifique un peligro de vida o muerte (¡o no mucho más que el hecho mismo de tener 60 años!). Incluso sin cáncer, me quedan quizás 30 años, 40 si tengo suerte.

Si fuera una madre joven, lo cambiaría casi todo por la oportunidad de ver crecer a mis hijos, pero como persona ya mayor me preocupa más la calidad que la duración de mi vida. Por supuesto, si el cáncer fuera agresivo, me sometería a más tratamientos ahora sólo para mantenerme con vida. Si fuera de crecimiento lento, lo extirparía y comenzaría lo que se da en llamar la "espera vigilante".

Es probable que las estadísticas sean el elemento más importante que debamos comprender, ya sea para el cáncer o la salud en general. En mi caso, podría haber sido algo como: supón que tienes un 70% de probabilidades de supervivencia (definida como la ausencia de recurrencias durante 5 años) si simplemente decides extirpar el tumor. Los tratamientos de radiación y quimioterapia pueden reducir la recurrencia en un 30% adicional. Suena a bastante, hasta que te das cuenta de que tus probabilidades de "supervivencia" aumentan apenas nueve puntos, de 70% a 79%., porque lo que cae en un 30% es la tasa de recurrencia, a un 21%.

Ese no es un gran aumento de las probabilidades, si se considera que para el momento en que el cáncer reaparezca puede haber disponibles mejores tratamientos, y que los costes del tratamiento -en términos de tiempo, dolor y efectos secundarios como enfermedades cardíacas y discapacidad cognitiva, así como dinero- son altos.

¿Estaba dispuesta a emprender tres años de tratamientos invasivos y potenciales efectos secundarios por un aumento de 10 puntos de mis probabilidades de estar viva y sin cáncer durante cinco años, especialmente cuando nadie sabe bien cuáles son las probabilidades de recurrencia a 10 o 20 años? Mientras tanto, es posible que de aquí a cinco años surjan nuevos medicamentos más eficaces y menos tóxicos que mitiguen los efectos adversos de una recurrencia posterior.

Estas cifras pueden causar perplejidad, pero es útil comprenderlas. Casi todo el mundo debe tomar decisiones en algún momento acerca de tratamientos y efectos secundarios, para uno mismo y sus seres queridos.

De hecho, es posible que esté usted enfrentando estas opciones en este mismo momento, si les presta atención. Es más probable padecer una gran cantidad de enfermedades dolorosas y peligrosas si se sufre de sobrepeso, se hace poco ejercicio físico, se bebe demasiado, se vive en soledad o se sufre estrés. Incluso si ese no es su caso y, de todos modos, padece una enfermedad, podrá aprovechar mejor el tratamiento si su salud general es buena.

Puede que el valor principal de servicios como los de 23andMe (al menos hasta que los investigadores usen su información y la de otros para aprender mucho más sobre genética) no sean los detalles genéticos específicos, sino la manera en  que nos hacen centrarnos en las cifras. Ya sea que estemos escogiendo qué comer o cuánto ejercitarnos, o intentando evaluar nuestras chances de sufrir una enfermedad específica, las cifras lo hacen sentir real e inmediato.

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Por ejemplo, es mucho más fácil hacer caso omiso de una vaga advertencia acerca de la diabetes que del dato de que su riesgo de sufrirla es de un 22% (como en mi caso, ligeramente por sobre la media), pero que puede reducirlo de manera importante (como lo he hecho yo) comiendo bien, haciendo ejercicios, etc.

Sin embargo, a mucha gente le asusta saber estas cifras; no se dan cuenta de que son una guía y algo que pueden cambiar, en lugar de un destino inmutable. Tal como un estudiante puede mejorar sus calificaciones si estudia o un atleta puede aumentar su rendimiento si entrena, usted puede cambiar muchas de las cifras que definen las perspectivas de su salud.