Portrait of German philosopher Immanuel Kant Stock Montage/Getty Images

Una buena idea alemana para 2018

ATENAS – En 2016, casi todos los europeos habían llegado a la conclusión de que la política radical y las reformas institucionales eran esenciales para revivir el proyecto europeo. Sin embargo, una reforma seria se vio impedida por el habitual desacuerdo sobre qué debería hacerse -una disputa que Emmanuel Macron, el nuevo presidente de Francia, alguna vez describió como una "guerra santa" entre las elites alemanas y francesas.

El año que acaba de terminar, en el que se destacó la elección de un presidente francés de más agrado de la canciller alemana Angela Merkel, demostró que, en definitiva, no importa realmente quién gobierna en Berlín y en París, o cuánto se agradan mutuamente. La "guerra santa" persiste, aún si los misiles con los que cada lado derriba las propuestas del otro hoy están envueltos en un terciopelo diplomático. 

En el corazón de esta guerra franco-alemana está el enfrentamiento entre dos R: el compromiso alemán con la rectitud frente a la inclinación francesa por la redistribución. Cuando las autoridades alemanas reciben una propuesta del gobierno francés, computan mentalmente cuál será el costo para los contribuyentes alemanes. Y, detrás de cada contrapropuesta alemana, las autoridades francesas ven un plan para ocultarse detrás de reglas y regulaciones de manera que las elites alemanas puedan tenerlo todo. La continua caída de Europa en el estancamiento y el descrédito es el resultado natural.

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