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¿Cuán nutritivas son sus inversiones?

NEW HAVEN – Las etiquetas que usted ve en los alimentos envasados en las que se enlistan sus ingredientes y valores nutricionales se empezaron a utilizar luego de un escándalo internacional y los esfuerzos de los gobiernos para abordar constructivamente la indignación del público tras dicho escándalo.

Tal escándalo se originó con la publicación en 1906 de la novela de Upton Sinclair, The Jungle, un bestseller que detallaba la experiencia de una familia de inmigrantes lituanos que trabajaban en la industria empacadora de carne de los Estados Unidos. La respuesta del público a la descripciones del libro de las condiciones insalubres en la industria fue tan fuerte que el Congreso de los Estados Unidos promulgó la Ley de Alimentos y Fármacos Puros –la primera ley que establecía el requisito de etiquetado de contenidos en los envases de los alimentos- ese mismo año.

Para 1910, según el diario, The Manchester Guardian, “El pánico de la Jungla” se había propagado al Reino Unido y “los diarios con menos escrúpulos del país” lo recogieron con afirmaciones “difamatorias” y “sensacionalistas” sobre la industria alimenticia. Puede haber sido cierto, pero el efecto final fue que se adoptaron mejores leyes de etiquetado de alimentos también en el Reino Unido.

En efecto, el escándalo puso en marcha una serie de leyes en países de todo el mundo que ahora exigen que el etiquetado de alimentos vaya más allá de una mera lista de ingredientes y que incluya información sobre las vitaminas, minerales y calorías que contienen los productos. Sin duda, estas etiquetas son útiles para los consumidores, pero es improbable que muchos fabricantes, de haber tenido la opción, las hubieran introducido por iniciativa propia.