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El fracaso griego de Europa

BRUSELAS – Las narrativas son de importancia, sobre todo cuando se entrelazan con intereses rígidos. Mientras Grecia y sus acreedores coquetean con la catástrofe, recibimos una imagen clara sobre cómo las narrativas contrapuestas y en conflicto puede conducir a un resultado donde todos pierden.

Los hechos son indiscutibles. A principios de 2010, cuando el gobierno griego ya no podía auto-financiarse, recurrió a sus socios europeos y al Fondo Monetario Internacional para obtener apoyo financiero. Y se lo brindaron: Grecia no solamente recibió préstamos de los otros países de la eurozona, sino que el FMI le concedió el mayor préstamo que esta institución otorgó en toda su historia. Posteriormente, Grecia recibió aún más apoyo a través de los fondos de rescate de la eurozona. El resultado fueron cientos de miles de millones de euros de ayuda.

Pero, con el transcurso del tiempo, Grecia y sus acreedores llegaron a ver estos hechos de manera muy diferente. A medida que la situación económica de Grecia se deterioraba, los ciudadanos de este país tuvieron la sensación de que los préstamos no estaban realmente destinados a ayudarles, sino que su propósito era rescatar a los bancos alemanes y franceses. Con esta narrativa, los griegos podrían evitar admitir el papel desempeñado por los errores en las políticas que fueron cometidos por propio gobierno y que empujaron al país hacia una recesión.

Los acreedores de Grecia, en cambio, consideraron que habían salvado de la bancarrota, de manera muy generosa, a un país despilfarrador. Esta narrativa permitió que los formuladores de políticas en Alemania hagan caso omiso al hecho de que los bancos de su país habían financiado el endeudamiento griego durante demasiado tiempo.