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La decadencia de Occidente podría dañar a China

HONG KONG – Los medios de comunicación oficiales de la China se deleitan criticando las disfunciones que exhiben las democracias occidentales. Entre la votación británica para la salida de la Unión Europea, la denominada “Brexit”, y la nominación de Donald Trump como candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, tienen suficientes pruebas, sin ni siquiera tener que mencionar los atentados, que cada vez son más frecuentes. Sin embargo, la verdad es que las pérdidas de Occidente no es traducen en ganancias para China.

La esperanza, por supuesto, es que las actuales penurias por las que atraviesan las democracias del mundo vayan a aumentar la credibilidad del Partido Comunista de China (PCCh). Y, de hecho, en un comentario publicado en el Diario del Pueblo, el periódico oficial del PCCh, se interpretó la votación Brexit como un reflejo de los defectos fundamentales que aquejan a las democracias occidentales. El mismo órgano de prensa utilizó el ascenso de Trump para mostrar que, en el sistema estadounidense, los líderes políticos se ven “desvalidos” a momento de abordar  “conflictos sociales complejos”, como ser las tensiones raciales y otras fuentes de descontento popular.

Erdogan

Whither Turkey?

Sinan Ülgen engages the views of Carl Bildt, Dani Rodrik, Marietje Schaake, and others on the future of one of the world’s most strategically important countries in the aftermath of July’s failed coup.

El Global Times, un tabloide ultranacionalista afiliado con el Diario del Pueblo, parecía sugerir que los recientes ataques terroristas en Occidente se constituían en un presagio de algún tipo de apocalipsis democrático. Occidente pudiese estar enfrentando un misterioso e impensable “cambio”, auguraba el tabloide.

Dada la hostilidad ideológica que tiene el PCCh con Occidente y su mentalidad geopolítica de suma cero, tales deleites no deberían sorprender a nadie. De hecho, el PCCh ha utilizado los retos que surgen en los países democráticos y los ha convertido en parte de sus propios e interminables esfuerzos por enaltecer su legitimidad. Al afirmar que la democracia funciona exiguamente en Occidente, este Partido sostiene que tal democracia sería una alternativa desastrosa para China. Además, las autoridades chinas opinan que mientras el gobierno chino brinde de manera consistente mejores niveles de vida, como lo ha venido haciendo durante las últimas décadas, no existe la necesidad de ni siquiera considerar otros sistemas alternativos.

Sin embargo, hay poca evidencia que pruebe que los disturbios en las democracias se traducen en legitimidad para las autocracias. Por el contrario, históricamente las dictaduras han caído, de manera independiente a la buena o mala suerte que corran las democracias occidentales.

Cuando la llamada tercera ola de la democratización se inició a mediados de la década de 1970, las democracias occidentales estaban sumidas en la estanflación y el trauma político de la guerra de Vietnam. La caída del comunismo en el ex bloque soviético coincidió con la revitalización de las democracias occidentales en la década de 1980. Cuando la Primavera Árabe entró en erupción en el año 2011, las democracias occidentales estaban bregando con las consecuencias de la crisis financiera mundial del 2008.

Todo esto sugiere que los autócratas en China no deberían guardar esperanzas sobre que la votación Bretix inducirá a un aumento repentino en el nivel de apoyo que reciben. Si bien las historias sobre las disfunciones de la democracia pueden causar una impresión negativa sobre ella en las personas que viven bajo el régimen autocrático, es muy probable que este efecto sea de corta duración. Mientras las dictaduras continúen maltratando a su propio pueblo y no logren mejorar las vidas de las personas, se cuestionará la legitimidad de dichas dictaduras.

Por supuesto, China no es una autocracia común y corriente. Sin embargo, lo que la hace única – el vínculo entre la autoridad del PCCh y su capacidad para sostener el crecimiento económico – no hace que la actitud de deleite mencionada al principio se torne en más racional. Al fin de cuentas, una de las claves del éxito económico de China es su integración dentro de una economía global dominada por las democracias occidentales, las cuales compran aproximadamente el 60% de las exportaciones chinas.

En resumen, el PCCh obtiene mayor legitimidad del éxito que del fracaso de las democracias occidentales. Ningún buen empresario en su sano juicio desearía que sus mejores clientes se vayan a la quiebra. No tiene mucho sentido que el PCCh se alboroce tanto por las dificultades que atraviesan los socios comerciales más valiosos que tiene China.

Los factores que impulsan los retos que enfrentan las democracias occidentales tienen hoy aún peores consecuencias para China. En gran medida, el apoyo brindado al Brexit y a Trump tiene sus raíces en el rechazo que sienten los votantes por la globalización. Independientemente de cómo el Brexit o las elecciones en Estados Unidos se desarrollen en el futuro, es muy probable que los gobiernos de las democracias occidentales respondan a la angustia de los votantes tomando medidas que impliquen un retorno a un cierto grado de proteccionismo.

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Como el mayor exportador del mundo, China no se podrá zafar de las consecuencias económicas perjudiciales de tales esfuerzos proteccionistas. Dentro de ese contexto, la legitimidad del PCCh, ya cuestionada por la desaceleración económica de China, podría sufrir aún mayor erosión. En lugar de regocijarse por los pesares, los líderes de China deberían observar con preocupación los eventos que ocurren en las democracias occidentales – y deberían comenzar a planificar cómo ellos enfrentarán los propios tiempos difíciles que les depara el futuro.

Traducción de Rocío L. Barrientos.