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¿Impulsarían las tasas de interés más altas el crecimiento de Estados Unidos?

BERKELEY – Tony James, director ejecutivo de Blackstone, recientemente publicó un artículo en el Financial Times titulado “Para reactivar la economía de Estados Unidos, se deben elevar las tasas de interés”. Esta es una muy mala idea.

Imaginemos que hemos sido transportados a un universo paralelo, uno donde la Reserva Federal de Estados Unidos no ha mantenido las tasas de interés en o cerca de cero. En cambio, esta Fed subió las tasas de interés gradualmente durante los últimos seis años, y la tasa de fondos federales se encuentra en este momento 400 puntos básicos por encima de lo que actualmente está. Antes de ver cómo esta economía en un universo alternativo luciría, repasemos lo que ha sucedido en el mundo real.

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En el cuarto trimestre del año 2015, los hogares, las empresas y los inversores extranjeros ahorraron $940 mil millones en Estados Unidos. De esa cantidad, $185 mil millones fueron invertidos en bonos del gobierno de nueva emisión, y la otra porción, $755 mil millones fluyeron hacia vehículos de ahorro que pagan intereses y dividendos, tales como préstamos, bonos corporativos, y nuevas emisiones de acciones, que a su vez se añadieron al stock de capital productivo del sector privado de EE.UU.

En nuestro escenario hipotético, no se hubieran creado $755 mil millones de dólares en nuevos vehículos de ahorro en el cuarto trimestre de 2015 para financiar la inversión. Con tasas de interés más altas, esos $755 mil millones podrían haber permanecido en un nivel tan alto como ser $735 mil millones, o podrían haber caído hasta un mínimo de $700 mil millones. En cualquier caso, sabemos que habría sido una cifra más baja, y que los saldos de liquidez que soportan el gasto se hubiesen visto privados de tener entre $20 a $55 mil millones.

Tal vez James sólo habla a las empresas que no racionalizan sus planes de inversión cuando las tasas de interés suben; pero sin duda muchas empresas lo hacen. Por ejemplo, las tasas de interés juegan un papel importante en el negocio de la construcción, especialmente en las costas, donde los valores de bienes raíces son especialmente sensibles a los costos de financiación y a los flujos de efectivo disponibles. El aumento de los costos de financiación y la reducción de la liquidez también pueden frenar las compras de bienes de consumo y evitar que las pequeñas empresas se expandan.

La Fed podría responder agregando dinero al stock de dinero en efectivo de la economía, pero en dicho caso las tasas de interés caerían, y estaríamos exactamente donde estamos ahora. Por el contrario, si la Fed mantiene una tasa más alta para fondos federales, se desviarían los flujos financieros, alejándose de la inversión productiva y dirigiéndose a saldos de efectivo inactivos, el gasto disminuiría, y la economía entraría en una nueva recesión.

En este punto, James podría objetar que esto no es lo que él quería en absoluto. Él habría esperado que el hada de la confianza se presente y estimule la producción y la demanda a lo largo de todos los sectores económicos, de manera que las empresas de todas maneras hubiesen creado $755 mil millones en nuevos vehículos de ahorro, además de los bonos del gobierno, durante el cuarto trimestre de 2015.

Con la llegada del hada de la confianza, de hecho todo estaría muy bien: la economía estaría estable y próxima al pleno empleo, las tasas de interés estarían en niveles más altos, y los efectos negativos de los tipos de interés anormalmente bajos que  James detalla desaparecerían en su totalidad. Según James, estos efectos incluyen “empresas que sustituyen capital por trabajo en un grado no natural”; dificultades económicas para “los ancianos y otras personas que dependen de las inversiones que producen ingresos”; requerimientos de ahorros más altos para la jubilación; “riesgos sistémicos” en el sistema financiero en la medida que los inversores compran “activos esotéricos” para “atrapar rendimientos más altos”; y, una menor rentabilidad bancaria proveniente de los préstamos.

Sin embargo, no se pueden evitar estos problemas mediante la elevación independiente de las tasas de interés por parte de la Fed. Por el contrario, las empresas deben crear vehículos de ahorro y realizar inversiones, a los que la Fed puede responder permitiendo que las tasas de interés suban, con el fin de contener el exceso de demanda y la alta inflación.

El Comité Federal de Mercado Abierto no puede dictar este proceso desde el edificio Eccles en Washington, D.C. Pero la Fed ha tratado de inducir a la creación de más vehículos de ahorro, en parte a través de los $3 millones de millones en compras de valores a largo plazo.

La Fed ha eliminado $30 mil millones anuales en riesgo de duración proveniente de los balances del sector privado – riesgo por el que los emisores de bonos previamente tenían que pagar para que los ahorradores lo asuman – y esa capacidad liberada para asumir riesgos, presumiblemente, ha sido utilizada para financiar proyectos de inversión de riesgo. Pero, sin duda, James estaría de acuerdo en que las organizaciones financieras que evalúan y asumen el riesgo de duración no son necesariamente competentes para juzgar otros emprendimientos de riesgo.

Si queremos que más vehículos de ahorro empujen las tasas de interés al alza en los mercados de fondos prestables, de manera que la Fed, a vuelta de hoja, pueda aumentar la tasa de fondos federales, existe una solución obvia: el propio gobierno debe crear vehículos de ahorro. Por ejemplo, un banco de infraestructura patrocinado por el gobierno podría iniciar actividades prestando $100 mil millones cada trimestre para financiar proyectos de infraestructura. Con eso, las preocupaciones sobre tasas de interés anormalmente bajas se convertirían en cosas del pasado.

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Mientras eso ocurra, la Fed ciertamente no debería tomar la iniciativa en la elevación de las tasas de interés cuando no existe evidencia sobre un exceso de oferta en vehículos de ahorro. Hacer eso sería similar a construir una pista de aterrizaje de media milla en el océano Pacífico en el año 1944, y pensar que aviones B-17 llevando carga comenzarían de pronto a aterrizar allí.

Traducción del inglés de Rocío L. Barrientos.