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Más allá de Silicon Valley

BERKELY – Una vez más, Silicon Valley, en California, está confirmando su status como meca del espíritu empresarial en el área de la alta tecnología y de la creación de riqueza. Sin embargo, no es un modelo de creación de empleo y crecimiento incluyente que los encargados del diseño de políticas y los empresarios de otros lugares puedan emular sin hacer algunos ajustes fundamentales.

Sin duda, lo que está pasando ahora en Silicon Valley es sorprendente. Las inversiones de capital de riesgo han tenido máximos históricos. Están proliferando los millonarios –incluso billonarios – de la noche a la mañana. Codificadores de software de menos de treinta años están ganando salarios de cientos de miles de dólares.

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El apogeo ha impulsado la recuperación económica de California. Esto, aunado a un liderazgo político audaz, ha permitido al estado escapar de una crisis fiscal aparentemente inevitable.

Sin embargo, las compañías tecnológicas más sobresalientes de Silicon Valley y sus líderes de capital de riesgo habitan una isla de prosperidad. En efecto, a solo 160 kilómetros de ahí, en la zona de Central Valley de California, las tasas de desempleo siguen en cifras de dos dígitos (11.2% en Fresno, y 10.4% en Modesto), y los ingresos promedio de las familias son de menos de la mitad que los de Palo Alto, el corazón de Silicon Valley. Si el inversionista de capital de riesgo, Tim Draper, hubiera tenido éxito en su imprudente iniciativa de dividir California en seis estados, Silicon Valley se habría convertido en el estado más rico de los Estados Unidos, y Central Valley en el más pobre.

La pregunta central entonces es cómo sacar partido del empuje creativo y de innovación empresarial de Silicon Valley para un crecimiento económico incluyente en el corazón de los Estados Unidos. En cierta medida, esto ya está pasando, pues emprendedores visionarios en ciudades como Nashville, Cincinnati, Nueva Orleans, Wichita y Salt Lake City, están adaptando la fórmula del éxito de Silicon Valley a las condiciones y oportunidades locales –y creando los empleos tan necesarios para la clase media en ese proceso. Sin embargo, se puede y se debe hacer más para respaldar esta tendencia.

El Centro Miller de la Universidad de Virginia creó recientemente una comisión (uno de nosotros, Lenny, fue miembro de ella,) para identificar estrategias de apoyo a la creación de empleos para la clase media mediante el empresariado. Las ideas propuestas en el informe de la comisión incluyen capacitación y programas de mentores destinados a empresarios potenciales y empresas nuevas, con la creación de “ecosistemas” de infraestructura de respaldo, y reducción de barreras reglamentarias.

El informe también subrayó la importancia de liberar capital para empresario tradicionales que luchan para encontrar los fondos que necesitan a fin de lanzar, sostener o ampliar sus operaciones, sobre todo debido a que la recesión reciente eliminó a muchos de los bancos comunitarios que tradicionalmente les ofrecían créditos. En contraste, las nuevas empresas de Silicon Valley se benefician de un apoyo generoso de fondos de capital de riesgo, y han recibido entre el 30% y 35% del total de la inversión de riesgo movilizada en los Estados Unidos desde los años ochenta.

No solo las inversiones de capital de riesgo están concentradas en una pequeña parte del país, sino que recientemente ha tendido a respaldar la expansión de etapas posteriores de inversiones, en lugar de lanzar empresas nuevas. En otras palabras, los fondos de capital de riesgo no son aptos para respaldar el desarrollo de nuevas empresas que pueden generar un gran número de empleos e impulsar la prosperidad local, pero que no están por lanzar una OPI de miles de millones de dólares.

Antes de la crisis económica global, los empresarios recurrían a menudo a ahorros personales, tarjetas de crédito, créditos sobre el valor de la vivienda e inversiones de parte de amigos y familiares para reunir el capital para una empresa nueva. Sin embargo, desde 2008, algunos aspirantes a empresarios han podido acceder a créditos bancarios de sumas importantes. Además, muchas personas no tienen familiares o amigos ricos.

No obstante, los empresarios tradicionales tienen dos opciones financieras importantes – y subutilizadas. La primera se encuentra en el sector público. En los Estados Unidos, la Ley de Reinversión Comunitaria (CRA por sus siglas en inglés) – creada para asegurar que los bancos que reciben depósitos de comunidades de ingresos bajos o medios reinviertan parte de sus ganancias en esas comunidades – es la base para más de 60 mil millones de dólares de financiamiento comunitario, en comparación con los 48 mil millones de dólares de capital de riesgo que se invirtieron el año pasado.

Aunque gran parte de esas reinversiones se han canalizado tradicionalmente a la vivienda, un número creciente de inversionistas y bancos – incluidos elBay Area Equity Fund, Village Capital, y el Roberts Enterprise Development Fund – están invirtiendo fondos de la CRA para apoyar empresarios. Otros – como Bridges Ventures y Pacific Community Ventures – están utilizando Instituciones financieras de desarrollo comunitario y hojas de balance de compañías de seguros con el fin de ampliar los recursos financieros disponibles para las  nuevas empresas  en comunidades desfavorecidas.

Una segunda fuente clave de capital proviene de fundaciones filantrópicas privadas y comunitarias, que según las leyes estadounidenses deben donar anualmente al menos el 5% de sus activos para acciones de beneficencia. En 2012, esas fundaciones distribuyeron aproximadamente 52 mil millones de dólares para apoyar sus misiones filantrópicas. Dedicaron la mayor parte del resto de sus activos, de 715 mil millones de dólares, a inversiones tradicionales a fin de generar rendimientos para ampliar su base de capital.

Sin embargo, un número creciente de fundaciones – como la  Fundación Bill & Melinda Gates, la Fundación Rockefeller y la Fundación Kresge – están aumentando el porcentaje de activos que dedican a inversiones que fomentan sus obras filantrópicas. Esas inversiones pueden ayudar a acelerar las inversiones de impacto, cuyo objetivo es generar beneficios sociales y rendimientos financieros. Desafortunadamente, el gasto para programas específicos sigue representando apenas el 1% del capital otorgado por las fundaciones, y sólo el 0.05% de ese capital se dedica a inversiones de capital.

Las inversiones públicas y filantrópicas en empresas nuevas locales ya están rindiendo frutos, tanto en términos de creación de empleo como de rendimientos financieros. Uno de los primeros líderes, el Bay Area Equity Fund, reunió 75 millones de dólares procedentes de bancos, compañías de seguros, fondos de pensiones e individuos; creó aproximadamente 15,000 empleos, entre ellos 2,218 en zonas de ingresos bajos y moderados; y generó un rendimiento anual del 24.4% para sus inversionistas.

El gobierno puede hacer mucho para promover esas inversiones. Para empezar, debería perfeccionar las normas que determinan qué inversiones cumplen los requisitos de la CRA. Igualmente, como recomendó el grupo de trabajo de los Estados Unidos sobre las inversiones de impacto, las autoridades deben aclarar las actividades de inversión permitidas a las fundaciones exentas del pago de impuestos.

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Así como no debe despreciarse el dinamismo de Silicon Valley, el potencial empresarial del resto del país no debe subestimarse. Con los incentivos adecuados y el financiamiento de fuentes filantrópicas, los empresarios que crean empleos podrían actuar como motores de un crecimiento más incluyente en comunidades de todos los Estados Unidos.

Traducción de Kena Nequiz