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Querido mundo, por favor enfrenta a Estados Unidos

¿Es posible desenamorarse del propio país? Durante dos años, como muchos norteamericanos, me dediqué intensamente a documentar, exponer y alertar al país sobre la criminalidad de la administración Bush y su ataque a la Constitución y el régimen de derecho -una historia muchas veces ignorada en casa-. Estaba segura de que cuando los norteamericanos supieran lo que se estaba haciendo en su nombre, reaccionarían con horror y furia.

Hace tres meses, la administración Bush seguía aferrada al discurso de su demonio, “No torturamos”. Ahora, Médicos por los Derechos Humanos ha difundido su informe que documenta los traumas de los detenidos en manos norteamericanas, y hasta existen pruebas de detectores de mentiras que confirman que fueron torturados. Se filtró un informe de la Cruz Roja: tortura y crímenes de guerra. The Dark Side , la exposición basada en una investigación impecable de Jane Mayer, llegó a las tiendas: tortura, pergeñada y orquestada desde arriba. El diario The Washington Post les ofreció a sus lectores una cobertura de video real del interrogatorio abusivo de un menor canadiense, Omar Khadr, a quien se pudo ver mostrando sus heridas abdominales todavía sangrantes, llorando y suplicándoles a sus captores.

De manera que la verdad salió a la luz y está a disposición de todos. Y Estados Unidos todavía duerme, preocupándose por su peso y paseándose por el centro comercial.

Yo había pensado que después de tanta exposición, miles de norteamericanos estarían organizando vigilias en Capitol Hill, que los líderes religiosos estarían pidiendo el perdón de Dios y que surgiría un sentimiento popular de repulsión, similar al movimiento anti-esclavitud del siglo XIX. Para parafrasear a Abraham Lincoln, si la tortura no está mal, nada está mal.