Alain DENANTES/Gamma-Rapho via Getty Images

Nuestros cuerpos o nuestros propios seres

WASHINGTON, DC – Los avances tecnológicos de los últimos años pusieron de relieve no sólo los beneficios de la gran base de datos, la llamada ‘big data’, sino que también la necesidad de aceptar los peligros que dicha base de datos presenta para nuestra privacidad, libertades civiles y derechos humanos. En ninguna parte es esta pregunta más relevante que en el caso de la fuente esencial de esos datos: nuestros cuerpos.

Las autoridades policiales de todo el mundo están desarrollando y utilizando tecnologías para identificarnos a partir de nuestros datos biométricos, mismos que incluyen nuestra cara, huellas dactilares, ADN, voz, iris y modo de andar. Estos marcadores únicos de identidad, que ya se utilizan desde hace mucho tiempo en pasaportes y cruces fronterizos, sirven para muchos otros usos aplicados.  

Durante años, hemos permitido que los gobiernos y las empresas recopilen y analicen nuestros datos biométricos cada vez que solicitamos una licencia de conducir, una visa de viaje, naturalización o ciertos trabajos, o incluso simplemente visitamos un parque de diversiones. Cada vez con mayor frecuencia, utilizamos nuestras huellas dactilares o nuestra cara para desbloquear nuestros teléfonos inteligentes, pagar compras y subir a bordo de aviones.

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