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CAMBRIDGE ­– El capitalismo está padeciendo su crisis más severa en muchas décadas. Una combinación de recesión profunda, desajustes económicos globales y la nacionalización efectiva de grandes segmentos del sector financiero en las economías avanzadas del mundo desestabilizó profundamente el equilibro entre mercados y estados. Dónde se verá afectado el nuevo equilibrio, nadie lo sabe.

Quienes predicen la caída del capitalismo tienen que lidiar con un hecho histórico importante: el capitalismo tiene una capacidad casi ilimitada de reinventarse. De hecho, su maleabilidad es la razón por la que superó crisis periódicas a lo largo de los siglos y sobrevivió a las críticas desde Karl Marx en adelante. El verdadero interrogante no es si el capitalismo puede sobrevivir -sí puede-, sino si los líderes mundiales demostrarán el liderazgo necesario para llevarlo a su próxima fase cuando emerjamos de nuestro predicamento actual.

El capitalismo no tiene parangón cuando se trata de dar rienda suelta a las energías económicas colectivas de las sociedades humanas. Es por esto que todas las sociedades prósperas son capitalistas en el sentido amplio del término: están organizadas alrededor de la propiedad privada y les permiten a los mercados desempeñar un papel importante a la hora de asignar recursos y determinar recompensas económicas. La trampa es que ni los derechos de propiedad ni los mercados pueden funcionar por sí solos. Requieren de otras instituciones sociales que los respalden.

De manera que los derechos de propiedad se basan en las cortes y la ejecución legal, mientras que los mercados dependen de los reguladores que pongan rienda a los abusos y reparen las fallas del mercado. A nivel político, el capitalismo exige mecanismos de compensación y transferencia para que sus resultados sean aceptables. Como demostró nuevamente la crisis actual, el capitalismo necesita estabilizar acuerdos como el de un prestador de último recurso y una política fiscal contracíclica. En otras palabras, el capitalismo ni se autogenera, ni se autosostiene, ni se autorregula y ni se autoestabiliza.