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La enorme distancia entre Comey y el Watergate

PRINCETON – La decisión del presidente Donald J. Trump de despedir al director del FBI, James Comey, no tiene precedentes (como buena parte de lo que Trump ha hecho como presidente). A pesar de los parecidos con la infame “masacre de la noche del sábado” del presidente Richard M. Nixon, sucedida hace 44 años durante el escándalo del Watergate, las situaciones políticas son completamente diferentes.

El hecho al que alude la “masacre” ocurrió en octubre de 1973, cuando Nixon (esperando a que fuera fin de semana) ordenó el despido del recién designado fiscal especial Archibald Cox, que lo había intimado a entregar unas grabaciones tomadas en secreto en la Casa Blanca (que como pronto se vería, eran muy perjudiciales).

El desacato de Nixon fue directo, y el resultado, desastroso. El procurador general Elliot Richardson y su adjunto, William Ruckelshaus, se negaron a ejecutar la orden del presidente y renunciaron a modo de protesta. Un juez federal dictaminó que el despido de Cox era ilegal. Las encuestas de opinión mostraron, por primera vez, una mayoría de estadounidenses en favor del juicio político a Nixon.

Fue el comienzo del fin. El Congreso inició acciones contra el presidente. Nixon tuvo que designar un nuevo fiscal especial. Luego el drama fue subiendo de tono por espacio de diez meses más, hasta que la Suprema Corte ordenó a Nixon, por unanimidad, entregar las cintas. Pocos días después, ante la perspectiva cierta de juicio político y remoción del cargo, Nixon renunció.