Chris J Ratcliffe/Getty Images

El Brexit, un terrible fracaso

LONDRES – Ya pasaron casi dos años desde que el electorado británico decidió por estrecho margen abandonar la Unión Europea. Y cuando ya falta menos para que se concrete el Brexit (previsto formalmente para fines de marzo del año entrante), todavía quedan sin responder preguntas fundamentales sobre la naturaleza de la relación futura entre el Reino Unido y la UE. En vez de eso, cada vez que hay que tomar una decisión difícil en las negociaciones con Bruselas, los ministros británicos la postergan (a veces, por tiempo indefinido).

Es hasta cierto punto sorprendente. Parecería que ninguno de los políticos y editores de diarios que tramaron por años sacar al RU de la UE pensó demasiado en lo que sucedería si sus maquinaciones llegaban a prosperar. No han podido ponerse de acuerdo ni siquiera respecto de si el RU debe buscar un Brexit “blando”, en el que permanezca estrechamente conectado con los mercados europeos, o un Brexit “duro” que corte todos los lazos, cualquiera sea el impacto económico.

Algunos de los más firmes promotores del Brexit aseguraban que abandonar la UE era pan comido, e insinuaron que nuestros socios europeos nos necesitan mucho más que nosotros a ellos: que Alemania está desesperada por vendernos autos, Italia vino, los franceses camembert. Estaban completamente equivocados. La verdad es que el RU depende mucho más de venderle a Europa, que representa más o menos la mitad de las exportaciones británicas, que Europa de venderle al RU.

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