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La negación de los economistas

LONDRES – A comienzos del mes pasado, Andy Haldane, economista jefe del Banco de Inglaterra, dijo que el fracaso de los recientes modelos de previsión de la institución se debía a un "comportamiento irracional". La incapacidad de detectar esta irracionalidad había llevado a los responsables de las políticas a pronosticar que la economía británica se desaceleraría luego del referendo por el Brexit en junio pasado. Por el contrario, los consumidores británicos se han dedicado a una compra compulsiva e irresponsable desde la votación para abandonar la Unión Europea; y, lógicamente, la construcción, la industria y los servicios se han recuperado.

Haldane no ofrece ninguna explicación para este brote de comportamiento irracional. Tampoco puede hacerlo: para él, la irracionalidad simplemente implica un comportamiento inconsistente con las previsiones surgidas del modelo del Banco de Inglaterra.


Y no se trata solamente de Haldane o del Banco de Inglaterra. Aquello a lo que se refieren los economistas tradicionales cuando hablan de comportamiento racional no es lo que usted o yo pensamos. En lenguaje común, un comportamiento racional es aquel que es razonable según las circunstancias. Pero en el mundo elitista de los modelos de previsión neoclásicos, significa que la gente, equipada con un conocimiento detallado de sí misma, su entorno y el futuro que enfrenta, actúa óptimamente para alcanzar sus objetivos. Vale decir, actuar racionalmente es actuar de una manera consistente con los modelos de comportamiento racional de los economistas. Frente a un comportamiento contrario, el economista reacciona como el sastre que culpa al cliente de que el traje recientemente confeccionado no le quede bien.

Sin embargo, el hecho curioso es que las previsiones basadas en premisas y suposiciones absolutamente irrealistas pueden ser perfectamente útiles en muchas situaciones. La razón es que la mayoría de las personas son animales de costumbre. Dado que sus preferencias y circunstancias en verdad no cambian de un día para el otro, y porque sí intentan conseguir la mejor ganga cuando van de compras, su comportamiento exhibirá un alto grado de regularidad. Eso lo torna predecible. No hace falta demasiada economía para saber que si el precio de nuestra marca preferida de pasta dental aumenta, lo más probable es que cambiemos por una marca más barata.