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La resistencia a los antimicrobianos en la agenda global

LONDRES – En noviembre, la lucha contra las infecciones resistentes a los medicamentos sufrió un revés. Un grupo de científicos anunció el descubrimiento de bacterias resistentes a la colistina, un antibiótico que se suele usar como último recurso. Aún más alarmante resulta haber descubierto que el gen que permite esa resistencia es capaz de migrar de una cepa a otra, lo que implica que otros tipos de infecciones también podrían dejar de ser tratables. El anunció indujo a los expertos en salud pública a redoblar sus advertencias sobre el riesgo que corre el mundo de caer en una mortal era posantibióticos.

Pero noviembre también trajo algunas buenas noticias, que no recibieron tanta prensa. Cuando el G20 se reunió en Antalya, los líderes de las mayores economías del mundo acordaron que la resistencia a los antimicrobianos es una amenaza para el crecimiento mundial. Oculto en el último párrafo del comunicado emitido al cierre de la cumbre se incluyó un acuerdo para incorporar este tema a la agenda del próximo encuentro de la organización. «Coincidimos en que se debe prestar atención a los riesgos para la salud mundial, como la resistencia a los antimicrobianos, las amenazas que implican las enfermedades infecciosas y la debilidad de los sistemas de salud», decía el comunicado. «Esto puede incidir significativamente sobre el crecimiento y la estabilidad».

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Se trata de un avance importante. El G20 sería un foro ideal donde actuar a escala internacional contra la resistencia a los antimicrobianos. Entre los países más expuestos al problema están Brasil, Rusia, India y China (el grupo BRIC); ninguno de los cuales es miembro del G7. Estos países también se encuentran entre los que tienen más probabilidades de hallar soluciones al desafío. Además, entre quienes asisten a las cumbres del G20 hay jefes de estado y ministros de economía, sin los cuales no es posible implementar ninguna solución.

El compromiso del G20 es tan solo un ejemplo del impulso que está recibiendo este tema. En octubre, los ministros de salud del G7 comprometieron a sus países a ayudar a combatir la resistencia a los antimicrobianos. El problema también fuera tratado por el primer ministro británico David Cameron, el canciller George Osborne, y sus contrapartes de India, China y Brasil. Diversos líderes —entre los que se contaban Cameron, la canciller alemana Angela Merkel, el presidente de EE. UU. Barack Obama y, más recientemente, el primer ministro indio Narendra Modi— se han comprometido personalmente a ocuparse de este tema.

El reciente reconocimiento de la gravedad de la amenaza es una oportunidad que no se debe desperdiciar. Ya se ha ganado parte de la guerra. Sabemos qué hace falta para ocuparnos de este desafío y ya se están logrando muchos avances. Se está alentando a más personas a lavarse las manos para minimizar la difusión de las infecciones. Hay grandes campañas en curso para alertar a la gente sobre el riesgo que implica la resistencia a los antimicrobianos para su salud y riqueza. Y estamos mejorando la vigilancia de los supermicrobios a medida que aprendemos más sobre los peligros que implican para las personas y los animales. El Reino Unido, por ejemplo, ha asignado 300 millones de USD para apoyar la vigilancia microbiológica en los países en vías de desarrollo.

También se han propuesto pasos específicos para acelerar la velocidad de adopción de pruebas diagnósticas de última generación en hospitales, clínicas, farmacias y hogares, para reducir el uso innecesario de los antibióticos. Y también hemos comenzado a combatir el uso incorrecto de los antibióticos en la agricultura. De hecho, hay señales alentadoras de cambios en las operaciones de los mayores productores de alimentos con sede en EE. UU., en respuesta a la presión de los consumidores. Este podría ser el comienzo de un gran cambio.

Mientras tanto, las empresas farmacéuticas y agencias gubernamentales están mejorando su comprensión del papel que podrían desempeñar las vacunas y las terapias alternativas para reducir la resistencia antimicrobiana. Y hemos comenzado a priorizar el desarrollo de nuevos medicamentos y a redoblar los esfuerzos para extender la vida útil de los tratamientos existentes. En octubre, el Reino Unido y China acordaron establecer un fondo mundial para la investigación y el desarrollo, para canalizar mil millones de libras esterlinas (1500 millones de dólares) hacia inversiones en investigación que reduzcan la difusión de la resistencia a los antimicrobianos.

La cuestión más importante por solucionar es cómo dividir el costo entre los gobiernos, la industria farmacéutica, los sistemas de salud, las agencias de desarrollo y las grandes organizaciones de beneficencia. Es aquí donde debemos centrar la discusión actual.

Afortunadamente, abordar el problema no tiene por qué dejarnos en la ruina. El costo de garantizar que las generaciones futuras tengan acceso a tratamientos antimicrobianos eficaces será reducido respecto del de otros desafíos mundiales. Estimamos que la compensación por el ingreso al mercado de unos 15 nuevos medicamentos costaría entre 16 y 35 mil millones de USD en 10 años. Es un bajo precio a pagar respecto de los 100 billones de USD que el mundo perdería si no actuamos.

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Reunir 2 mil millones al año durante 10 años para detener el regreso de las enfermedades infecciosas es algo perfectamente alcanzable para los 20 países más ricos del mundo o sus 20 empresas farmacéuticas más importantes. Si se unieran para encontrar una solución, el costo equivaldría a un error de redondeo en sus balances. Pero, considerando su rentabilidad, sería una de las mejores inversiones posibles, para ellos y para todos.

Traducción al español por Leopoldo Gurman.