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Cuando los tuits derrotan a la diplomacia

NUEVA DELHI – La diplomacia a menudo es testigo de altercados inusuales. En los anales de la historia se registra la Guerra del cerdo y la papa del año 1859, la Controversia de los lamas bailarines en 1924 y el Incidente de la pulsera de Bogotá del año 1970, por nombrar sólo algunos. Sin embargo, pocos fueron más insólitos que el recientemente concluido Incidente de los felpudos ofensivos.

La gigante empresa de comercio electrónico Amazon – que últimamente se ha dedicado a cultivar el mercado de la India, por considerarlo como la próxima frontera para su expansión global, hecho que se refleja en sus planes para invertir 5 mil millones de dólares en el país – se vio recientemente sorprendida por una serie de tuits desmedidos que fueron publicados por la ministra de Relaciones Exteriores de la India, Sushma Swaraj. En tan sólo unos pocos mensajes de 140 caracteres, Swaraj denunció a la empresa y amenazó con cancelar las visas de sus empleados y negar la emisión de visados a sus ejecutivos en el futuro.

Lo que provocó el exabrupto de Swaraj fue una queja, que ella recibió de un tuitero, sobre que el sitio web de Amazon en Canadá ofrecía a la venta felpudos en los que se encontraba dibujada la bandera de la India. La noción de que zapatos sucios serían limpiados en una grafía de la bandera de la India había causado la indignación del tuitero Atul Bhobe, quien a su vez contactó a – y encontró una defensora en – Swaraj.

Amazon respondió con mucha celeridad. Después de aclarar que los felpudos ofensivos estaban siendo ofrecidos, técnicamente, por un proveedor externo, no por Amazon, la empresa los retiró del sitio web de Amazon en Canadá e “implementó medidas para garantizar que estos productos no puedan ser vendidos en cualquiera de nuestros otros mercados o sitios web”. El gerente de país de Amazon en la India ofreció sus disculpas a Swaraj por “herir los sentimientos de los ciudadanos de la India” y, recordando el compromiso de inversión de 5 mil millones de dólares, reiteró la dedicación de Amazon al país.

Menos de 24 horas después de que estallara la crisis del felpudo, el incidente fue apaciguado. Pero, este episodio plantea una serie de problemas más amplios que no desaparecerán tan rápidamente.

El primer problema es el uso de Twitter por parte de Swaraj. La ministra Swaraj se destaca entre sus pares en la India por su copioso uso de tweets (si bien su uso de la plataforma, aún se ve empequeñecido por aquel del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, quien a menudo usa Twitter cual si fuese un púlpito para intimidar).

Ciertamente, no me opongo al uso de Twitter por parte de funcionarios públicos. Por el contrario, veo la creciente comodidad de los ministros del gobierno con respecto al uso de las redes sociales como un asunto digno de celebración. Es un cambio bienvenido en comparación con el período en la cual fui Ministro de Estado de Relaciones Exteriores durante el anterior gobierno, en dicho momento estaba prohibido acceder a las redes sociales desde las computadoras oficiales, y los tuits que yo publicaba desde mis propios dispositivos, a menudo, se convertirían en material de innecesaria controversia.

Sin embargo, lo que hace Swaraj puede realmente ser demasiado, ya que responde a cada caso individual que se le envía vía Twitter sobre un pasaporte perdido o una visa retrasada – un abordaje que le ha valido el no muy halagador sobrenombre de “Ministra de Asuntos Consulares de la India”. Algunos dirían que el hecho de que una ministra responda a una queja enviada vía Twitter sobre asuntos tan triviales parecería indicar que ella carece de cosas más importantes que hacer. (Esta sugerencia, sin duda, refleja el hecho de que en el gobierno del Primer Ministro Narendra Modi la política exterior de vital importancia es llevada a cabo por él mismo y por su oficina, en lugar de estar en manos del Ministerio de Relaciones Exteriores que se encuentra bajo el liderazgo de Swaraj). 

No obstante, el problema va más allá de la forma de comunicación de Swaraj con los ciudadanos comunes. En el reciente drama del felpudo, ella también utilizó Twitter para impartir instrucciones a sus propios diplomáticos, tuiteando al Alto Comisionado de la India en Canadá para que plantee el asunto como “inaceptable” ante  Amazon “al más alto nivel”. Tal tipo de acción no tiene precedentes, y no es particularmente bienvenida. Las redes sociales no sirven como sustituto de un cable diplomático.

Así mismo, el lenguaje que ella utilizó en su advertencia a la empresa no puede considerarse como diplomático. “Amazon debe pedir una disculpa incondicional”, ella tuiteó. “Deben retirar todos los productos que insultan nuestra bandera nacional inmediatamente. Si esto no se hace de inmediato, no otorgaremos visas de la India a ningún funcionario de Amazon. También rescindiremos los visados ​​emitidos anteriormente”. La diplomacia, una profesión que adquirió fama por convocar a embajadores para una reprimenda discreta, se ha visto reducida a reproches a empresas a través de Twitter.

El último problema que el Incidente del felpudo puso en palestra es la tendencia que tienen los ciudadanos de la India en cuanto a ofenderse ante la más mínima afrenta – una tendencia que ahora está siendo elevada, a través de los pulgares de una ministra de alto rango, al nivel de política oficial. Por supuesto, la falta de respeto a la bandera nacional es criticada en la mayoría de los países y ha sido un delito en la India desde el año 1971, cuando se adoptó la Ley de Prevención de Insultos al Honor Nacional, misma que advierte sobre castigar con encarcelamiento a quien “mutile, deforme, desfigure, pisotee o muestre de otra manera falta de respeto” a la bandera de la India.

Sin embargo, los ciudadanos de la India tienen un umbral particularmente bajo para calificar algo como falta de respeto. Mientras que en otras democracias, las banderas se utilizan libre e inofensivamente en camisetas, botas, bikinis, e incluso ropa interior, en la India, la majestad de la bandera, aparentemente, puede verse empañada por cualquier chabacano fabricante de baratijas.

Y, esto no sólo ocurre con relación a la bandera. El año pasado, Amazon enfureció a muchos ciudadanos de la India al ofrecerles felpudos con imágenes de dioses y diosas de la India, provocando el uso del furibundo hashtag #BoycottAmazon. Dos años antes, el sitio web de la empresa causó una indignación similar al vender pantalones femeninos tipo ‘leggings’ con imágenes de dioses hindúes.

En conclusión, Amazon no es ajeno a la ira de los ciudadanos de la India que se sienten ofendidos. Sin embargo, la rápida capitulación de la empresa durante el último incidente – que con seguridad no será el último – demuestra que el valor de un gigantesco mercado como la India supera con creces el de cualquier producto individual. China ya ha demostrado que puede imponer sus condiciones a las multinacionales que codician su vasto mercado. La India, al parecer, seguirá su ejemplo. Pero, sin importar quiénes emergieron como ganadores en el desastroso incidente de los felpudos – quizás lo fueron los indignados usuarios de Twitter – la diplomacia ha sido la perdedora.

Traducción del inglés: Rocío L. Barrientos.