Pedro Molina

Una zona de exclusión aérea para Siria

BRUSELAS – Hay un dicho, que se suele utilizar cuando se interpretan las relaciones internacionales, que dice que el enemigo de mi enemigo es mi amigo. A veces resulta cierto; muchas veces, no.

Hace treinta años, se consideró erróneamente que los mujaidines afganos eran amigos de Occidente cuando combatían contra los invasores soviéticos de su país. Pero qué poco meditada parece hoy esa suposición, en vista de todo lo que ha sucedido desde entonces.

La crisis que se agrava en Siria, y el uso criminal de armas químicas allí, ha creado una dinámica y un dilema similares. Pero Occidente no necesita correr el riesgo de cometer el mismo error y aceptar las mismas falsas opciones.

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