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El difícil panorama interno de Estados Unidos

NUEVA YORK – Casi un año después de la estrecha victoria electoral de Joe Biden frente a Donald Trump, Estados Unidos sigue en el filo de la navaja. La situación política puede evolucionar en formas muy distintas, desde la reforma económica y política gradual que busca Biden hasta la subversión de las elecciones y del imperio de la Constitución que Trump intentó en enero (y que él y el Partido Republicano siguen decididos a llevar adelante).

No es sencillo diagnosticar cuáles son, con exactitud, los males fundamentales que aquejan a Estados Unidos al punto de haber alentado el movimiento trumpista. ¿Son las eternas guerras culturales que dividen a Estados Unidos por temas de raza, religión e ideología? ¿El aumento a niveles inéditos de la desigualdad en el reparto de la riqueza y del poder? ¿Son la pérdida de poder internacional de Estados Unidos, sumada al ascenso de China, y los reiterados desastres de sus guerras electivas los que provocan el sufrimiento, la frustración y la confusión nacionales?

Aunque la tumultuosa situación interna en Estados Unidos es atribuible a todos estos factores, en mi opinión la crisis más profunda es política y se debe a la incapacidad de las instituciones para «promover el bienestar general», como promete la Constitución. Durante las últimas cuatro décadas, la política estadounidense se ha convertido en un juego de privilegiados que favorece a los superricos y a los intereses corporativos a costa de la inmensa mayoría de la ciudadanía.

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