Ganar la paz

El futuro de Afganistán pende de los esfuerzos de su débil gobierno nacional por conservar apoyo y legitimidad de cara a una creciente insurgencia, los señores de la guerra, el comercio de heroína y una población desilusionada. A lo largo de un arco que se extiende desde este país al África oriental, la violencia hoy arrecia en Irak, el Líbano, Somalia y más allá, en la región de Darfur de Sudán.

Los políticos, generales e incluso diplomáticos hablan por doquier de maniobras y estrategias militares, pero en todos esos lugares se necesita algo completamente diferente. La estabilidad llegará sólo cuando existan oportunidades económicas, cuando una palpitante generación de jóvenes pueda encontrar empleo y sustentar una familia, en lugar de tentar fortuna en la violencia.

Una y otra vemos que un ejército extranjero, ya se trate de la OTAN en Afganistán, el de Estados Unidos en Irak, el israelí en la Palestina ocupada o el de Etiopía en Somalia, puede ganar una batalla o hasta una guerra, pero nunca la paz. La paz tiene que ver con la dignidad y la esperanza en el futuro. La ocupación militar destroza la dignidad y la pobreza absoluta y el desastre económico destrozan la esperanza. Sólo es posible lograr la paz con la retirada de las tropas y la llegada de empleos, granjas y fábricas productivas, turismo, atención de salud y escuelas. Sin estos elementos, la ocupación y la victoria militar rápidamente se convierten en cenizas.

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