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¿Quién “perdió” a Turquía?

BERLÍN – El “no” de Turquía del mes pasado (voto emitido junto con Brasil) a las nuevas sanciones contra Irán aprobadas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas muestra de forma espectacular el grado de distanciamiento de Occidente del país. ¿Estamos siendo testigos, como han señalado muchos comentaristas, de las consecuencias de la llamada política exterior neo-otomana del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) en el gobierno, que supuestamente tiene el objetivo de cambiar de dirección y regresar a las raíces orientales islámicas del país?

Pienso que estos temores son exagerados, incluso fuera de lugar. Si las cosas funcionan de esa manera, ello se debería más a una profecía que se cumple a sí misma de parte de Occidente que a las políticas turcas.

De hecho, la política exterior turca, que tiene como objetivo resolver los conflictos existentes con y dentro de los Estados vecinos, así como el papel activo turco ahí, de ningún modo entra en conflicto con los intereses occidentales. Todo lo contrario. Sin embargo, Occidente (y Europa en particular) finalmente tendrá que considerar a Turquía como un socio serio –y dejar de verla como un Estado cliente de Occidente.

Turquía es y debe ser un miembro del G-20 porque con su población joven que crece rápidamente se convertirá en un Estado económicamente muy fuerte en el siglo XXI. Incluso ahora, la imagen de Turquía como el “hombre enfermo de Europa” dejo de ser acertada.