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Los crímenes sexuales de la Casa Blanca

NUEVA YORK – Los crímenes sexuales tienen características que los distinguen, aun cuando quienes dirigen los ataques sean los hombres y mujeres más poderosos de Estados Unidos. Así, es sorprendente enterarse que una de las personas que llevaron a cabo esos crímenes, Condoleezza Rice, acaba de encabezar los debates de la sesión extraordinaria del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre el uso de la violencia sexual como arma.

Sentí un déjà vu cuando vi las fotografías tomadas en la prisión de Abu Ghraib que se publicaron en 2004. Mientras la administración Bush trataba de explicar que la tortura que habían sufrido los prisioneros era obra de "unas cuantas manzanas podridas" de bajo rango militar, yo sabía que estábamos viendo evidencias de una política sistémica dictada desde los niveles superiores. No es que yo sea brillante. Simplemente, al haber trabajado en un centro de atención a personas violadas y  estudiado los aspectos básicos de los crímenes sexuales, he aprendido que todos los predadores sexuales actúan siguiendo determinados patrones reconocibles.

Sabemos que la tortura de los prisioneros fue el resultado de una política fijada en la Casa Blanca por el ex Secretario de la Defensa Donald Rumsfeld, el Vicepresidente Dick Cheney y Rice –quien de hecho presidió las reuniones sobre el tema. El Pentágono también ha reconocido que autorizó el abuso sexual contra los detenidos como parte de las prácticas de interrogación que podían aplicar las interrogadoras de sexo femenino. Y en documentos que obtuvo la Unión Estadounidense por los Derechos Civiles (ACLU por sus siglas en inglés) Rumsfeld, en sus propias palabras, "supervisaba" la humillación sexual de los prisioneros.

La sexualización de la tortura desde los niveles superiores esencialmente convirtió a Abu Ghraib y Guantánamo en una organización de crímenes sexuales en la que los esclavos eran los prisioneros detenidos por Estados Unidos. Al considerar la clásica naturaleza sadomasoquista de estas torturas, es difícil no especular que todo esto excitaba a alguno de los que decidían las políticas.