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¿El G-20 al rescate?

BRISBANE – La próxima reunión del G-20, que se celebrará en Brisbane (Australia), llega en un momento en el que una economía mundial precaria requiere que se adopten decisiones importantes, pero dista mucho de estar claro a quién corresponderá la voz necesaria para establecer una programa audaz... y después dirigir su aplicación.

Los datos económicos revelan que la economía mundial está más débil que en ningún otro momento de los dos últimos años. Al capitalismo le está costando crear una demanda adecuada. La riqueza y la renta han llegado a estar cada vez más concentradas, mientras que los ingresos de la clase media en el mundo desarrollado se han estancado. La elusión tributaria por parte de las empresas multinacionales está haciendo perder ingresos a los países en desarrollo, al limitar su capacidad para invertir en educación e infraestructuras, y hacen falta muchas más medidas para abordar el mayor y más urgente problema estructural: el cambio climático.

Muchos economistas y politólogos destacados pronostican un futuro económico deprimente y continuo. Stephen Roach ha indicado que en la economía mundial posterior a la crisis “la recaída es la regla”; el economista Brad Delong, refiriéndose a las “consecuencias de nuestra menor depresión,” sostiene que la afirmación de que hay una recuperación en la zona del euro ha resultado fallida; y el Presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, ha reconocido la necesidad no sólo de la reforma estructural, sino también de una expansión fiscal para impulsar la demanda agregada.

En el centro de sus preocupaciones figura la falta de una demanda sostenida para impulsar el crecimiento. Si bien hacen falta reformas estructurales –en particular, por el lado de la oferta– tanto en los países en desarrollo como en los desarrollados, no son suficientes para abordar lo que el ex Secretario del Tesoro de los Estados Unidos Larry Summers ha llamado “estancamiento duradero”, es decir, la dificultad para mantener una demanda suficiente que permita niveles normales de producción.