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Campañas al estilo Borgia en Ucrania

Entre acusaciones de envenenamientos y conspiraciones, la campaña presidencial de Ucrania es un espectáculo que sólo los Borgia disfrutarían. Hace diez dìas, Viktor Yushchenko, el candidato de la oposición (que encabeza las encuestas) desapareció. Reapareció en Viena recuperándose de lo que al principio se creyó que era una intoxicación por alimentos.

Pero ahora en Ucrania muchos dicen que la comida de Yushchenko pudo haber tenido ricina, uno de los compuestos mortales predilectos de los sicarios de la KGB, quienes la utilizaron en el asesinato de Georgi Markov, un disidente búlgaro, en 1978 en Londres. En casi todos los países, tal acusación parecería un delirio paranoico. En Ucrania, donde el actual primer ministro, y principal oponente de Yushchenko para la presidencia, Viktor Yanokovich, ha sido condenado dos veces por delitos violentos, no.

Yushchenko ha reanudado sus actividades de campaña, con el rostro parcialmente paralizado cuando habló ante un enorme mitin de seguidores suyos en Kiev la semana pasada. Sus oponentes descartan el asunto con arrogancia, y el segundo de la administración del Presidente Leonid Kuchma sugiere que Yushchenko contrate a alguien para que pruebe antes sus alimentos. El caso es ahora objeto de una investigación criminal.

Las sospechas de que hay juego sucio crecieron cuando la segunda figura más importante de la oposición, Yuliya Timoshenko, ex vice primer ministro, fue convocada por un fiscal de Moscú para responder preguntas relacionadas con cargos de que hace varios años sobornó a un oficial del ejército ruso para beneficiar a la empresa gasera que ella encabezaba. En efecto, el fiscal militar ruso giró una orden internacional de arresto en su contra, aun cuando, en un juicio celebrado en Moscú el año pasado, el oficial al que supuestamente sobornó fue declarado inocente del mismo cargo sobre el que ahora los fiscales la quieren interrogar.