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¿Cambió Irán?

RIAD – La pregunta más importante para la diplomacia mundial, a días de que comience 2014, es esta: ¿cambió Irán? Tras resultar electo en junio, el nuevo presidente de Irán, Hasán Ruhaní, ha dado señales de una postura más moderada en lo que atañe a las relaciones de su país con el resto del mundo. Pero se impone la cautela, ahora y en los años que vendrán. El país, segundo productor de petróleo del mundo y autoproclamado líder del Islam shiíta y de los revolucionarios musulmanes antioccidentales dondequiera que estén, sigue siendo un peligro, no sólo para Arabia Saudita, sino también para la paz y la estabilidad dentro y fuera de Medio Oriente.

La República Islámica es motivo de preocupación para Arabia Saudita por dos grandes motivos: la búsqueda de armas nucleares y la interferencia en los asuntos de los países vecinos.

Para empezar, los intentos de desarrollo de armas nucleares por parte de Irán suponen un riesgo enorme; si no se les pone límites, es probable que generen una onda de proliferación en todo Medio Oriente. Si, por ejemplo, los miembros del Consejo de Cooperación del Golfo tuvieran que vérselas con un Irán provisto de armas nucleares, se verían obligados a sopesar cuidadosamente sus opciones, lo cual tal vez implique la obtención de poder de disuasión nuclear propio.

Todos los países tienen derecho a desarrollar programas civiles de energía nuclear (los sauditas también tenemos el nuestro), pero los intentos de Irán de obtener armas nucleares no han provocado sino padecimientos al país. Lamentablemente, el agravamiento de las sanciones económicas de la comunidad internacional no ha logrado hasta ahora disuadir las ambiciones de los líderes iraníes. Si Ruhaní no se mostrara dispuesto a cambiar de rumbo o fuera incapaz de hacerlo, ¿qué otras alternativas tenemos?