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Turquía: la nueva nación indispensable

ANKARA – Turquía dejó su huella como uno de los países más influyentes no sólo en 2010, sino en la primera década del tercer milenio. Al inicio de la nueva década, también, la posición geopolítica, el rico legado histórico, la profundidad cultural, la población joven bien educada, la democracia cada vez más fortalecida, la creciente economía y la política exterior constructiva de Turquía lo convirtieron en un país indispensable en un mundo transformado por la rápida globalización.

Al hacer uso de todos sus activos, Turquía contribuye a la estabilidad y la paz regional y trabaja para lograr un orden global basado en la justicia, la igualdad y la transparencia. Como potencia emergente, Turquía continuará concretando su propio potencial y contribuyendo simultáneamente a la paz global.

Las condiciones caóticas del mundo post-Guerra Fría convirtieron las guerras civiles, las ocupaciones, el armamento nuclear y el tráfico de seres humanos en problemas crónicos. Mientras la globalización ofrece nuevas oportunidades, también causa nuevos problemas globales y profundiza las desigualdades intrínsecas del orden mundial. Ya no es posible sostener el actual orden mundial que, basado como está en una noción desvirtuada de relaciones centro-periféricas, simplemente produce injusticia y desigualdad.

Turquía intenta contribuir a la paz regional y global facilitando las reformas democráticas a nivel interno e implementando una política exterior basada en principios. Como miembro de la OTAN, Turquía apunta a convertirse en un miembro pleno de la Unión Europea y establecer relaciones cordiales con todos sus vecinos del sur y del este. La posición de Turquía –que mira tanto al este como a Occidente- no es ni paradójica ni inconsistente. Por el contrario, la posición geopolítica multidimensional de Turquía es un activo para la región.