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El lobo que se comió a Georgia

FLORENCIA-En la conocida fábula de Fedro sobre el lobo y la oveja, el lobo bien pudo comérsela sin decir palabra, pero prefiere explicar sus “razones”. Primero reprende a la oveja porque ensucia el agua de la que el lobo bebe (aunque éste se encontraba río arriba). Después afirma que el año anterior la oveja lo había insultado (pero la oveja sólo tenía seis meses). Entonces el lobo gruñe que si no fue la oveja, fue su padre. Inmediatamente después actúa.

Las “justificaciones” que da el lobo por su mala acción son un lujo que él se permite. Actualmente, la Carta de las Naciones Unidas obliga jurídicamente a los Estados-lobo a justificar el uso de la violencia armada. Esto es aún más necesario en el caso de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, porque, aparte de la condena pública, no se les pueden imponer sanciones por violaciones serias de la Carta.

Rusia ha dado varias razones para justificar su intervención armada en Georgia, donde las regiones separatistas de Abjazia y Osetia del Sur están bajo la soberanía georgiana. Rusia argumenta que los objetivos de la invasión eran: 1) detener la agresión de Georgia contra Osetia del Sur; 2) poner fin a la limpieza étnica, el genocidio y los crímenes de guerra que Georgia cometía ahí; 3) proteger a los ciudadanos rusos; y 4) defender a Osetia del Sur sobre la base de un acuerdo de mantenimiento de la paz firmado por Boris Yeltsin y Eduard Shevardnadze en 1992.

Ninguna de esas justificaciones jurídicas es válida. Al enviar tropas a Osetia del Sur, Georgia indudablemente dio muestras de imprudencia política, pero no violó ninguna norma internacional, por nominal que fuera su soberanía. Tampoco parece haber habido genocidio ni limpieza étnica; si se cometieron crímenes de guerra, ello no justifica una invasión militar. Además, los ciudadanos de Osetia del Sur tienen la nacionalidad rusa sólo porque recientemente Rusia se las concedió unilateralmente. Por último, el acuerdo de 1992 únicamente autoriza la vigilancia de las tensiones internas, no un uso masivo de la fuerza militar.