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El camino por recorrer en el Medio Oriente

Durante estos tiempos difíciles para las relaciones entre israelíes y palestinos, es vital dar pasos positivos y movilizar a la buena voluntad internacional. Para un número importante tanto de palestinos como de israelíes, el uso de la fuerza ha llegado a representar la única opción imaginable. La sociedad palestina no puede tener muchas esperanzas para el plazo inmediato así que ¿qué más hay que perder? No obstante, resulta igual de claro que la utilización de medidas extremas por cualquiera de los dos bandos conducirá, con seguridad, a enfrentamientos peores y más grandes.

En lugar de resignarnos a que vengan más años de odio y desdicha, es urgente reconstruir las bases para la paz en el futuro antes de que desaparezcan todas las estructuras civilizadas. La prioridad en la mente de todos es el conflicto actual, pero hasta que el bienestar del ser humano se convierta en la prioridad universal, los conflictos seguirán dominando las relaciones interpersonales e internacionales.

Erdogan

Whither Turkey?

Sinan Ülgen engages the views of Carl Bildt, Dani Rodrik, Marietje Schaake, and others on the future of one of the world’s most strategically important countries in the aftermath of July’s failed coup.

Quienes quieran contribuir a la reducción de las tensiones, deben identificar y promover los puntos de arranque para que los encargados de construir la paz encuentren temas en común. El apoyo político y de los medios se debe de centrar en los programas que funcionan en el terreno, como los que describen las organizaciones humanitarias y no gubernamentales, y no en agendas religiosas. Se debe dar prioridad a los proyectos que impulsen la cooperación entre religiones distintas, entre escuelas distintas de la misma fe y entre grupos religiosos y seculares.

El Islam, como religión de paz y mejoramiento del ser humano, se ve traicionada por cualquiera que cometa atrocidades en su nombre. Es una religión amplia e incluyente, cuyos adeptos en todo el mundo sufren actualmente por la falta de una voz unificada.

Por ejemplo, la emisión de fatwas , o edictos religiosos, es una tarea legítima de aquéllos cuyo alto rango es reconocido por toda la Ummah , o comunidad musulmana. Necesitamos organismos confiables y acreditados para emitir fatwas a nivel global y que cuenten con la autoridad para representar a las comunidades musulmanas en todo el mundo. Esos organismos deberían de tener sus sedes en La Mecca y Najaf, para representar a los centros de pensamiento religioso sunitas y chiítas.

Un paso de ese tipo ofrecería a los no musulmanes parte del pensamiento más agudo dentro del mundo islámico, y sería esa voz faltante en los debates sobre los valores globales. La globalización y el Islam no son incompatibles, mientras se reconozca al Islam como una tradición que tiene mucho que ofrecer a la civilización mundial, y no se le trate como una amenaza que se debe neutralizar.

La meta hoy en día debe ser la modernización de cada tradición, siendo fieles a sus raíces. Un colapso total de las normas religiosas sería verdaderamente desestabilizador. Para que la globalización pueda tener éxito en hacer del mundo un lugar mejor, no se la puede predicar únicamente sobre la base de las fuerzas del mercado, sino que debe reforzar la estabilidad y la integración de las distintas sociedades.

En el Medio Oriente se necesita un liderazgo ético claro. No obstante, ese liderazgo no puede alcanzar resultados en el vacío. Sólo se puede tener éxito en la aplicación de patrones globales de comportamiento si todo el mundo los respalda. Si se considera que una política supuestamente universal se aplica inconsistentemente a fin de favorecer los intereses de una nación o de una cultura, esa política perderá credibilidad y será rechazada.

Es responsabilidad de los gobernantes y los líderes de opinión insistir en que los derechos universales se apliquen universalmente; que todos, sin excepción, estén sujetos a las leyes. Sólo cuando alcancemos una cultura de cumplimiento con normas humanitarias seremos capaces de establecer el marco para garantizar una sociedad civil vigorosa, la negociación en lugar del conflicto y el bienestar humano duradero. El mundo desarrollado tiene la obligación de estar a la altura de las pautas establecidas en la Declaración de los Derechos Humanos y otros documentos que describen normas universales.

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Una de las expresiones más importantes de buena voluntad es la ayuda humanitaria. En estos momentos, cuando los conflictos militares están en peligro de empeorar en varios rincones del mundo, las organizaciones occidentales en particular pueden apoyar a la gente en zonas problemáticas. Sin embargo, la ayuda humanitaria no debe convertirse solamente en otra herramienta de política exterior. Si la gente que la recibe siente que la ayuda está siendo manipulada con fines políticos, ello reducirá la posibilidad de establecer relaciones internacionales basadas en la confianza. Debemos hacer una reevaluación del altruísmo y el cumplimiento con las normas humanitarias universales.

La comunidad internacional puede ofrecer estabilidad y mejoras en las condiciones de vida tanto para los palestinos como para los israelíes, interviniendo en estos momentos con una presencia humanitaria y de mantenimiento de la paz, respaldada por las Naciones Unidas y con el apoyo de Estados Unidos. La intervención externa puede ser necesaria, incluyendo la voluntad internacional para lograr objetivos específicos (no sólo para emprender procesos con la intención de alcanzarlos), antes de que podamos imaginar un futuro viable en el que ambos bandos puedan prosperar uno junto al otro.