Calibrar la esperanza

SEATTLE – La vida de los más pobres del mundo ha mejorado más rápidamente en los quince últimos años que nunca antes y hasta soy más optimista todavía, pues creo que en los próximos quince años conseguiremos un resultado aún mejor al respecto. Al fin y al cabo, el conocimiento humano está aumentando. Lo vemos concretamente en la creación y costos cada vez menores de nuevos medicamentos, como los del tratamiento del VIH, y de nuevas semillas que permiten a los agricultores pobres ser más productivos. Una vez que se inventan instrumentos semejantes, nunca se da marcha atrás: simplemente mejoran.

Los escépticos señalan que cada vez nos resulta más difícil brindar nuevos instrumentos a las personas que los necesitan. En eso es en lo que la innovación para calibrar los resultados de las medidas gubernamentales y filantrópicas está logrando una gran diferencia respecto del pasado. Ese proceso –fijar objetivos claros, adoptar el método adecuado y después calibrar los resultados para perfeccionar el método continuamente con la información resultante– nos ayuda a brindar instrumentos y servicios a todos cuantos puedan beneficiarse de ellos.

La innovación para reducir el cuello de botella que lo impide es decisiva. Siguiendo la vía de la máquina de vapor de hace mucho tiempo, el progreso no está “condenado a ser poco común y errático”. En realidad, podemos hacer que sea algo habitual.

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