Paul Lachine

El mito del crecimiento autoritario

CAMBRIDGE –  En una reciente mañana de sábado, varios centenares de activistas pro democracia se congregaron en una plaza de Moscú para protestar por las limitaciones impuestas por el Gobierno a la libertad de reunión. Sostenían carteles en los que se leía “31”, en referencia al artículo 31 de la Constitución rusa, que garantiza la libertad de reunión. En seguida fueron rodeados por policías, que intentaron dispersar a los manifestantes. Un destacado crítico del Kremlin y otros más fueron conducidos precipitadamente hasta un coche de policía y alejados del lugar.

Sucesos así ocurren casi diariamente en Rusia, donde el Primer Ministro, Vladimir Putin, gobierna el país con mano de hierro y la persecución de los advesarios del Gobierno, las violaciones de los derechos humanos y los abusos judiciales han llegado a ser habituales. En un momento en que la democracia y los derechos humanos han pasado a ser normas mundiales, semejantes transgresiones no contribuyen precisamente a realzar la reputación mundial de Rusia. Los dirigentes autoritarios como Putin lo comprenden, pero, al parecer, lo consideran un precio que vale la pena pagar para ejercer un poder ilimitado en su país.

Los que los dirigentes como Putin comprenden menos bien es que su política compromete también el futuro económico y la posición económica mundial de sus países.

To continue reading, please log in or enter your email address.

To access our archive, please log in or register now and read two articles from our archive every month for free. For unlimited access to our archive, as well as to the unrivaled analysis of PS On Point, subscribe now.

required

By proceeding, you agree to our Terms of Service and Privacy Policy, which describes the personal data we collect and how we use it.

Log in

http://prosyn.org/6xzSdEz/es;

Cookies and Privacy

We use cookies to improve your experience on our website. To find out more, read our updated cookie policy and privacy policy.