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El gran bazar de órganos

LUND, SUECIA – El sitio web 88DB.com Philippines es un portal de Internet activo que les permite a proveedores de servicios y consumidores encontrarse e interactuar entre sí. Naoval, un indonesio con "tipo de sangre AB, nada de drogas ni alcohol", quiere vender su riñón. Otro hombre dice: "Soy filipino. Estoy dispuesto a vender mi riñón para mi esposa. Tiene cáncer de mama y no puedo costear sus medicamentos". Luego está Enrique, que está "dispuesto a donar su riñón a cambio de algo. 21 años y sano".

Otros ofrecimientos de este tipo, hace apenas unos años, se podían encontrar en www.liver4you.org, que prometía riñones por 80.000-110.000 dólares. Los costos de la operación, incluyendo los honorarios de los cirujanos -matriculados en Estados Unidos, Gran Bretaña o Filipinas-, estaban incluidos en el precio.

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Toda esta actividad de Internet no es más que la punta del iceberg de una nueva y creciente economía del tejido humano. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estimó que aproximadamente el 10% de los trasplantes de órganos en el mundo son producto de transacciones puramente comerciales.

El comercio de órganos sigue un patrón claro vinculado a la geografía: la gente de los países ricos compra los órganos y la gente de los países pobres los vende. En mi investigación del tráfico de órganos, ingresé a algunos de estos mercados sombríos, donde las partes de los cuerpos de los pobres, las víctimas de la guerra y los prisioneros son materias primas, que se compran y se venden para ser trasplantadas a gente enferma con recursos económicos.

Una mujer, oriunda del Líbano, me dijo que un empresario adinerado de España pagó una importante suma de dinero por su riñón. Sin embargo, al final ella no recibió ningún pago monetario. Hoy, su vida es mucho peor que antes, porque las complicaciones médicas que siguieron a la operación hacen que le resulte difícil trabajar. Vendedores de órganos que conocí en los ex estados soviéticos, Oriente Medio y Asia cuentan historias similares.

El tráfico de órganos depende de varios factores. Uno es la gente en situación de necesidad. Estas personas son económica o socialmente carenciadas, o viven en sociedades desgarradas por la guerra donde el crimen es moneda corriente y el mercado negro florece. Del lado de la demanda hay gente que corre peligro de morir a menos que reciba un trasplante de órgano. Por otra parte, existen agentes de órganos que tramitan los acuerdos entre vendedores y compradores.

También es necesario tener acceso a clínicas bien equipadas y a personal médico. Esas clínicas se pueden encontrar en muchos países, entre ellos Irán, Pakistán, Ucrania, Sudáfrica y Filipinas.

Por cierto, Filipinas es un lugar muy conocido como centro del comercio ilegal de órganos y "punto neurálgico" del turismo de trasplantes. Desde los años 1990 hasta el año 2008 (cuando se adoptó una nueva política), aumentó marcadamente la cantidad de trasplantes vinculados a ventas de órganos por parte de filipinos a receptores extranjeros. Muchos vendedores de órganos de Israel, por ejemplo, eran llevados, junto con sus compradores, a Manila para realizar los trasplantes.

Hector es uno de los varios cientos de casos de vendedores de riñones documentados por trabajadores sociales en tres ciudades pobres de la provincia filipina de Quezon. Su hermano estaba muy endeudado con bandas criminales en Malasia y Hector decidió vender un riñón para comprar su libertad. Otro vendedor, Michel, terminó convirtiéndose en intermediario; después de vender uno de sus riñones para pagar los medicamentos de su padre, el cirujano lo obligó a entregar más órganos. Los órganos de los vendedores fueron trasplantados a receptores provenientes principalmente de Filipinas, Israel, Japón, Corea del Sur y Arabia Saudita.

El comercio de seres humanos y sus cuerpos no es un fenómeno nuevo, pero los negocios de hoy son históricamente únicos, porque requieren de una biomedicina avanzada, así como de ideas y valores que mejoran el comercio de órganos. La medicina occidental parte de la noción de que la enfermedad humana y la muerte son fallas que hay que combatir. Es dentro de este clima conceptual -el sueño del cuerpo regenerativo- donde se desarrolla la tecnología del trasplante y crece la demanda de piezas biológicas de reemplazo.

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Una de las manifestaciones más obvias del trato del cuerpo humano como un recurso a ser explotado es la lista de espera hospitalaria, utilizada en muchos países. Un hombre que entrevisté recientemente para un estudio de suecos que habían estado en la lista de espera, pero que decidieron comprar riñones en el exterior, me describió su viaje a Pakistán para el trasplante: "No soy el tipo de hombre que utiliza a otras personas, pero tuve que hacerlo. Tuve que elegir entre morir y que me devolvieran la vida".

En una era de trasplantes a pedido, no hay cómo encontrarle la vuelta al dilema. Los imperativos biológicos que guían el sistema prioritario de listas de espera para trasplantes se transforman fácilmente en valores económicos. Como sucede siempre cuando la demanda supera a la oferta, la gente tal vez no acepte esperar su turno -y otros países y los cuerpos de otra gente les ofrecen la alternativa que busca.