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La decadencia de los Estados Unidos

Se ha cumplido el primer aniversario de la guerra en el Iraq y la reputación de los Estados Unidos sigue hundiéndose. Hace un año, los Estados Unidos intentaron intimidar al mundo para que apoyara una guerra no provocada con el argumento de que quien no creyera en las armas de destrucción en gran escala del Iraq era o idiota o cómplice de los terroristas. Ahora sabemos que el Gobierno de los Estados Unidos y sus escasos aliados fueron, a su vez, idiotas o mentirosos, pero no por ello ha abandonado el gobierno de Bush su comportamiento matonesco.

Los Estados Unidos podrían ser una gran fuerza para el bien. Estudios como uno llevado a cabo por la Comisión sobre Macroeconomía y Salud de la Organización Mundial de la Salud muestran que, con unos ingresos nacionales de once billones de dólares al año, los Estados Unidos podrían financiar la lucha contra el SIDA, el paludismo, la tuberculosis y muchas otras enfermedades mortíferas por una pequeña fracción del dinero que despilfarran en el Iraq. En cambio, la asistencia financiera de los Estados Unidos a los países pobres del mundo como proporción de los ingresos nacionales es la más baja de todos los donantes.

Los Estados Unidos pueden ser también una fuerza para un gran mal. El presupuesto militar actual de los Estados Unidos asciende a 450 millones de dólares, aproximadamente equivalente a los gastos militares combinados del resto del mundo. El gobierno de Bush cree que el poder militar de los Estados Unidos garantiza seguridad, pese a que el terrorismo ha aumentado desde la guerra del Iraq.

Pero, pese a esa riqueza y poderío miliar, la capacidad de los Estados Unidos para proyectar poder político -para bien o para mal- decaerá en los próximos años, por al menos cinco razones: