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El juego de la confianza

La confianza en un elemento vital de la vida, tanto para las naciones y civilizaciones como para las personas. Es el ingrediente de la esperanza. Permite que uno se proyecte hacia el futuro, para hacer realidad o incluso trascender sus posibilidades. Viene de adentro, pero puede ser reforzada o debilitada por la manera como otros nos perciben. Sin embargo, la confianza, como la presión arterial, debe equilibrarse: el problema comienza cuando se tiene mucha o muy poca. El exceso de confianza tiende a ser tan desestabilizador como su falta.

Piénsese, por ejemplo, en Estados Unidos en Iraq. El exceso de confianza de la administración Bush en la validez de sus objetivos -democratizar el Oriente Próximo- fue el factor tras la catástrofe que está acaeciendo allí, mucho más que los errores de implementación.

Hace poco participé en un debate con uno de los pensadores clave detrás de la decisión de “liberar” a Iraq de Saddam Hussein. Prominente neoconservador, parecía una especie de bolchevique de la democracia, debido a su inconmovible confianza en la validez de su visión.

Según él, el status quo en el Oriente Próximo era insostenible y peligroso. La democracia en Iraq no sólo llevaría paz a Jerusalén, sino que generaría un equilibrio nuevo, mejor y más seguro en todo el mundo árabe. Puesto que Estados Unidos es la más poderosa y sabia de las naciones, tiene un papel único que desempeñar, y el mundo debería unir filas tras ella para enfrentar este reto con valentía.