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La batalla por Europa

La cumbre europea en Bruselas este fin de semana tenía por objetivo dotar a la Unión Europea de una constitución que le permitiera manejar los desafíos planteados por la admisión de diez nuevos estados miembros la primavera próxima. En lugar de ello, el quiebre de la cumbre puede ser una advertencia temprana de que esta ampliación podría llegar a generar, no una transformación benigna de la UE, sino su radical dislocación.

El pasado permite prever que no debería ocurrir un desastre dramático. La UE ha enfrentado varias crisis políticas en el pasado, algunas mucho más graves que ésta. En cada una de las ocasiones anteriores, los estados miembros prefireron transar a sufrir una ruptura.

Lo más probable es que lo hagan nuevamente. De hecho, restar importancia a la gravedad de la última crisis es fácil: se puede argumentar que la causa inmediata del quiebre, si se examina en detalle, no es realmente tan grave.

El quid del asunto es que el borrador de Constitución daría a la UE un método más simple y rápido de lograr votaciones de mayoría en el Consejo de Ministros. Bajo el método adoptado hace tres años en la cumbre de Niza de la UE, cada estado miembro tiene una cierta cantidad de votos, ponderados en base a su población, pero se protege a los países más pequeños dotándolos de una mayor proporcionalidad de votos que los países grandes.