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¿Estado del arte o arte de Estado?

Tradicionalmente, septiembre es el momento del año en que las compañías líricas y las orquestas regresan a sus ciudades natales desde Aix, Salzburgo, Tanglewood y otros innumerables festivales de verano. Esta rentrée también está signada (a ambos lados del Atlántico) por el regreso de la preocupación sobre cómo se financia la música clásica.

La vida sinfónica norteamericana es eurocéntrica en casi todos los sentidos, excepto por su financiación. Mientras que los norteamericanos dependen de las donaciones privadas deducibles de impuestos y de las recaudaciones de boletería para financiar la música clásica en vivo, los europeos prefieren un sustento oficial directo para las artes.

Irónicamente, mientras que los defensores de las artes en Estados Unidos reclamaron durante mucho tiempo la adopción del “modelo europeo” –que produjo una vida artística rica y variada para los europeos-, Europa se ve obligada a cambiar su sistema de respaldo por uno que depende más del dinero privado y de la boletería.

Desafortunadamente, el sistema europeo de sustento financiero oficial directo hoy es víctima del lento crecimiento económico y los déficits presupuestarios de Europa. Especialmente en el caso de los países que adoptaron el euro, el gasto público en las artes estará limitado por un tiempo por la exigencia de que los déficits fiscales se mantengan en el 3% del PBI.