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¿Es posible salvar el capitalismo global?

LONDRES – La política de la ansiedad económica ha arrojado a los electorados del Reino Unido y Estados Unidos a las manos de los populistas. Si solamente las economías pudieran volver a índices de PIB y aumento de la productividad más “normales”, las condiciones de vida mejorarían para más gente, irían desapareciendo los sentimientos antisistema y la política volvería a la “normalidad”, es la creencia que hemos heredado. Entonces, el capitalismo, la globalización y la democracia podrían proseguir su marcha.

Pero un pensamiento así extrapola un periodo histórico en gran medida anómalo que ya acabó. Y es improbable que las fuerzas que le dieron sustento se vuelvan a alinear muy pronto. Hoy la innovación tecnológica y los cambios demográficos son vientos que van en contra del aumento del crecimiento, en lugar de empujarlo, y la ingeniería financiera ya no puede arreglar la situación.

Este periodo histórico anómalo fueron los cerca de cien años transcurridos tras la Guerra Civil estadounidense, en que los avances en los ámbitos de la energía, la electrificación, las telecomunicaciones y el transporte transformaron  las sociedades de maneras fundamentales. Las vidas humanas se volvieron muchísimo más productivas y la expectativa de vida aumentó radicalmente. La población mundial aumentó más de un 50% entre 1800 y 1900, y luego más que se duplicó en los 50 años siguientes, en economías que crecían mucho más rápido que en los siglos anteriores.

Para fines de los años 70, el crecimiento comenzó a desacelerarse en varias de las economías occidentales desarrolladas, y el Presidente estadounidense Ronald Reagan y el Director de la Reserva Federal Alan Greenspan iniciaron un ciclo de deuda que sobrealimentó la actividad económica. Estados Unidos, que hasta entonces había sido un acreedor neto del mundo, se convirtió en deudor neto, y China y otros mercados emergentes se fueron beneficiando de su creciente déficit comercial. El apalancamiento financiero impulsó el crecimiento global por casi 30 años más.