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Salvados por los impuestos

¿Qué les debemos a las nuevas generaciones? ¿Qué acciones estamos obligados a emprender para reducir los peligros que se ciernen sobre nuestros descendientes y nuestro planeta con la creciente probabilidad de que se produzca un calentamiento global y un cambio climático?

Casi todo el mundo, excepto gente como ExxonMobil, el vicepresidente de EEUU Dick Cheney y sus sirvientes a sueldo y acólitos confundidos, comprende que cuando los seres humanos queman hidrocarburos, se emite dióxido de carbono que va a la atmósfera, donde actúa como una sábana gigante, absorbiendo la radiación infrarroja que se libera desde abajo y recalentando la tierra.

Del mismo modo, casi todos entienden que, si bien el calentamiento global puede ser un problema mucho más grande o pequeño que lo que sugieren los modelos actuales, esta falta de certidumbre no es ninguna excusa para la inacción. De hecho, debería hacer que nos esforcemos más por protegernos de ella que si supiéramos que se comportaría exactamente según las proyecciones más aceptadas.

Finalmente, casi todos están de acuerdo en que los gobiernos, las instituciones sin fines de lucro y las compañías de energía deberían dedicar muchas más recursos a desarrollar tecnologías que generen energía que no emita gases de carbono, que hagan pasar a estos gases desde la atmósfera a los bosques y océanos, y que temperen la tierra mediante la reflexión de una mayor parte de la luz solar que llega a ella.