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Rescatar la cumbre de Annápolis

TOLEDO (ESPAÑA) – Las conversaciones de paz palestino-israelíes que comenzaron hace tres meses en Annápolis no padecen una falta de ideas sobre cómo abordar las cuestiones básicas del conflicto. Después de años de intentos frustrados para lograr un acuerdo y con docenas de planes de paz oficiales y bajo cuerda a disposición de los negociadores, queda poco margen paras la creatividad en la formulación de un acuerdo.

Pero el problema más profundo es otro: la deficiencia de los dirigentes y la fragmentación de la política palestina. En realidad, el único hombre que podría haber hecho un acuerdo de paz basado en una solución de dos Estados legítima para los palestinos, Yaser Arafat, se llevó consigo a la tumba esa legitimidad.

El Presidente Mahmoud Abbas nunca ha sido una figura estimulante para los palestinos. Con la pérdida de Gaza a manos de Hamas, su influencia política ha quedado aún más reducida. De hecho, Abbas ni siquiera controla las milicias de su propio partido, Al Fatah, que han estado aún más activas que Hamas en el lanzamiento de ataques terroristas contra Israel. De no haber sido por las incursiones diarias contra Hamas y Al Fatah en zonas controladas por Abbas, el gobierno de la Autoridad Palestina en la Ribera Occidental se habría desplomado hace mucho.

A lo largo de la Historia, los movimientos nacionalistas, casi invariablemente compuestos de alas radicales y pragmáticas, tuvieron que escindirse para alcanzar la Tierra prometida. El consenso es la negación de la capacidad de dirigir y una receta frecuente para la parálisis política.