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Reinventando el FMI

por Rodrigo de Rato

La economía global ha estado disfrutando un periodo de fuerte crecimiento y ausencia de crisis financieras, y hay buenas razones para esperar que este ritmo pueda sostenerse en el tiempo. Sin embargo, recientemente la confianza se ha visto afectada por las alzas del precio del petróleo, desastres naturales como el Huracán Katrina, y crecientes desequilibrios globales: grandes superávits en algunos países, mientras que en otros hay grandes déficits.

La manera como estos problemas afectan a los países individuales, así como a la economía mundial, muestra la realidad de la globalización. De hecho, para equilibrar los enormes beneficios y peligros potenciales de una economía mundial cada vez más integrada, los gobiernos necesitan nuevas herramientas y una mejor comprensión de las fuerzas en interacción. Los desafíos son incluso mayores para los países en desarrollo más pobres: necesitan integrarse a la economía global para aminorar la brecha con el resto del mundo y llevar beneficios concretos a sus ciudadanos más pobres.

El Fondo Monetario Internacional se creó después de la Segunda Guerra Mundial para ayudar a los países a evitar los errores de política económica que contribuyeron al estallido de esa conflagración. A lo largo de los últimos 60 años, las responsabilidades del Fondo han crecido, a medida que se ha transformado la economía mundial. Cuando me integré al Fondo hace poco más de un año, estaba claro que estaban aumentado las exigencias de los países miembros sobre el Fondo. En consecuencia, inicié un estudio del papel de la institución en la economía mundial y cómo ha de cambiar en el futuro.