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Reforma a la constitución de Japón

El lema de Junichiro Koizumi cuando se convirtió en primer ministro hace cinco años fue "reforma sin vacas sagradas" y ninguna vaca es más sagrada aquí que nuestra Constitución de la "paz". Por lo tanto, no debería ser una sorpresa que, a medida que Koizumi llega al final de su segundo y último período de gobierno, sus esfuerzos por reformar la Constitución para permitir que Japón defienda más eficientemente la paz mundial estén cobrando impulso.

A mediados de abril, el Comité de Revisión de la Constitución de la Cámara de Representantes del Japón, emitió un informe final sobre los problemas básicos a que se enfrenta la Constitución del país y lo envió al Presidente de la Dieta. Dentro de poco, la Cámara de Consejeros emitirá un informe final. Además, están en curso discusiones sobre la reforma constitucional, tanto al interior del gobernante Partido Democrático Liberal (con el propio Koizumi a cargo) como en el Partido Democrático de la oposición.

El sector privado y los principales medios de comunicación, como el influyente periódico Yomiuri Shimbun, se han unido a las discusiones. Los demócratas liberales pretenden tener listo el borrador de sus enmiendas constitucionales para el 50 aniversario de la fundación del partido en noviembre próximo. Aunque casi todos coinciden en que la constitución requiere algunas enmiendas, ha sido difícil lograr un acuerdo sobre qué es lo que se tiene que hacer. En efecto, los demócratas liberales están tan divididos como todos los demás.

Adicionalmente a estas divisiones, hay problemas sobre cómo enmendar la Constitución. Se requiere nueva legislación que permita reformarla y esto tomará tiempo y más debates. Con todo, la presión por un cambio fundamental -particularmente del artículo 9, el cual compromete a Japón a no tener fuerzas armadas- es tal que hay una oportunidad real de que los obstáculos sean superados. En efecto, es necesario un cambio fundamental tan pronto como sea posible porque las interpretaciones actuales de la Constitución han distorsionado constantemente las políticas de defensa y de seguridad de Japón.