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Estimular la iniciativa privada en el Golfo

JEDDAH - A medida que el mundo árabe sufre cambios fundamentales, sus gobernantes deben adaptarse rápido o arriesgarse a enfrentar levantamientos populares, lección que tienen muy presentes los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG): Bahréin, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Con sus vecinos envueltos en conflictos internos o en medio de difíciles transiciones, y con un creciente descontento en el frente interno, los estados del Golfo están ansiosos por detener la marea revolucionaria.

De hecho, el CCG ha ofrecido una generosa ayuda, aproximadamente $160 mil millones hasta el momento, a los países barridos por la primavera árabe. Además, para reducir las tensiones políticas internas, algunos de los países del Golfo han anunciado paquetes de gasto adicionales que incluyen alzas significativas de los salarios, importantes aumentos en la cantidad de empleos del sector público para sus ciudadanos, y la elevación de las prestaciones por desempleo.

En pocas palabras, los países del Golfo confían en sus riquezas para evitar la revolución. Después de todo, la mayoría de su población se ha beneficiado enormemente de décadas de rápido crecimiento económico basado en la explotación de los recursos naturales.

Sin embargo, las economías del CCG también están plagadas de problemas estructurales que no se pueden abordar con paquetes económicos de corto plazo: un sector público sobredimensionado, fuerte dependencia de la mano de obra importada y desempleo endémico, especialmente entre los jóvenes, que representan una parte desproporcionadamente alta de la población. La región necesita políticas sostenibles que apunten a lograr la tan necesaria diversificación económica. De hecho, sin un profundo cambio estructural, es probable que baje el nivel de vida favorable en que se sustenta la estabilidad política de los estados del Golfo.