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Un juramento de sinceridad para los candidatos presidenciales

CAMBRIDGE – El 20 de enero de 2017, Donald Trump jurará como 45.º presidente de los Estados Unidos. Escribo “jurará” en vez de “asumirá” porque según la sección I del artículo II de la Constitución de los Estados Unidos, Trump no puede ser presidente sin antes prestar un juramento en el que se comprometerá públicamente a defender la Constitución y desempeñar su función con el mayor esmero. Por supuesto, esto vale para todos los presidentes. Pero dada la conducta de Trump durante la campaña, el juramento es particularmente significativo en su caso.

Hasta ahora, Trump no hizo ningún esfuerzo para comportarse en forma honesta o confiable, y técnicamente no estaba obligado. Estados Unidos no obliga a jurar veracidad a hombres y mujeres que compiten por la presidencia, ni tiene códigos de conducta exigibles o límites al tipo de retórica que pueden usar. Los candidatos pueden comportarse como les parezca oportuno.

Esto se basa en el supuesto de que podemos confiar en el juicio de los candidatos. Alguien que busca ocupar el cargo más alto del país debería saber cómo equilibrar el imperativo político de conseguir votos con un sentido de responsabilidad respecto de la factibilidad y racionalidad de sus promesas de campaña.

En general, la experiencia confirmó el supuesto. Estados Unidos ha tenido la buena fortuna de que sus aspirantes a la presidencia adhirieran a las normas generalmente aceptadas. Pero parece que con Trump, la fortuna se transformó en bancarrota.