12

Por qué la corrupción importa

WASHINGTON, DC – El Papa Francisco ha dicho que la corrupción es “la gangrena de un pueblo”. El secretario de Estado norteamericano, John Kerry, la ha definido como un “radicalizador” porque “destruye la fe en la autoridad legítima”. Y el primer ministro británico, David Cameron, la describió como “uno de los mayores enemigos del progreso en nuestro tiempo”.

La corrupción, en pocas palabras, es el abuso de la función pública para beneficio personal. Cada vez más, los líderes reconocen que es una amenaza para el desarrollo, la dignidad humana y la seguridad global. En la cumbre anticorrupción que se llevará a cabo en Londres el 12 de mayo, los líderes mundiales –junto con representantes de empresas y de la sociedad civil- tendrán una oportunidad crucial para actuar a partir de este reconocimiento.

La corrupción es denunciada en distintas culturas y a lo largo de la historia. Ha estado entre nosotros tanto tiempo como el gobierno; pero, a diferencia de otros delitos, en las últimas décadas se ha vuelto cada vez más sofisticada, con efectos devastadores para el bienestar y la dignidad de infinidad de ciudadanos inocentes.

Para empezar, la corrupción perjudica las perspectivas de crecimiento. Cuando, por ejemplo, la estafa pública es descontrolada, las regalías por los recursos naturales se roban en la fuente de origen o el sector privado está monopolizado por una red reducida de compinches, las poblaciones no pueden concretar su potencial.