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El asunto de la Visión de Obama

MADRID – Humillado por la arrolladora victoria de los republicanos en las elecciones de mitad de período, el presidente estadounidense Barack Obama ahora tendrá que negociar hasta el menor detalle de su agenda nacional con un Congreso hostil, al menos hasta las próximas elecciones de 2012. El Congreso puede además obstaculizar su política exterior, pero esto sigue siendo un ámbito en el que los presidentes estadounidenses "gozan de prerrogativas casi de la realeza", para usar la descripción un tanto exagerada de Alexis de Tocqueville.

Sin embargo, hasta ahora estas prerrogativas han permitido a Obama sólo describir el mundo que quiere, no hacerlo realidad. George W. Bush cometió el pecado capital de todos los imperios caídos: abarcar demasiado. Se suponía que la alternativa de Obama iba a ser una seguridad colectiva mundial sostenida por estructuras multilaterales. En lugar de contener a potencias emergentes como China e India, se las atraería a un orden mundial civilizado, basado en la gobernanza mundial y la "diplomacia inteligente".

Sin embargo, en lugar de construir dicho orden, la presidencia de Obama ha sido hasta ahora una difícil lucha por detener el declive del poder estadounidense. Ha estado muy por debajo de las expectativas en cuanto a dar pasos reales hacia esa Tierra Prometida en que Estados Unidos vive en paz con el mundo musulmán gracias a un acuerdo entre israelíes y palestinos, logra un planeta libre de armas nucleares (objetivo noble pero totalmente poco realista), recibe el apoyo de Rusia para hacer frente a otros problemas mundiales, contiene los esfuerzos de China por traducir su creciente poder económico en beneficios estratégicos de peso, pone fin a sus dos desgastantes guerras en países musulmanes, y encabeza una sólida alianza internacional para poner freno a las ambiciones nucleares de Irán.

La política exterior ha sido casi invariablemente el refugio de los presidentes de EE.UU. golpeados por derrotas a mitad de su mandato, pero no se puede separar por completo de sus cimientos nacionales. ¿Puede un presidente que ha demostrado ser reticente en Oriente Próximo y Afganistán, incluso antes de su derrota de mitad de período, reunir la autoridad necesaria para avanzar en su visión global después de un desastre interno de tales proporciones?