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La globalización es la única respuesta

CIUDAD DE WASHINGTON – El referéndum para decidir la salida del Reino Unido de la Unión Europea (brexit) y las elecciones presidenciales en Estados Unidos han mostrado, entre otras cosas, que la falta de confianza pública en la integración global va en aumento. Esa desconfianza podría descarrilar los nuevos acuerdos comerciales que están en proceso de negociación e impedir que se inicien otros en el futuro.

El peligro implícito de este escenario no debería subestimarse. El aislacionismo y el proteccionismo, llevados al extremo, podrían poner en peligro el motor económico del comercio que ha traído paz y prosperidad al mundo durante décadas.

Como exministra de Comercio de Costa Rica, sé cuán difícil es para los países –desarrollados y en desarrollo por igual– diseñar políticas comerciales que beneficien a toda su población. Pero porque manejar los efectos de la globalización es complejo, no significa que deberíamos rendirnos y desistir.

En el mundo en desarrollo, el comercio ha generado un alto crecimiento y avances tecnológicos. Según el Banco Mundial, desde 1990 el comercio ha ayudado a reducir a la mitad la cantidad de personas que viven en situación de pobreza extrema.  Estos logros, aunque notables, no son necesariamente permanentes. Si los países de ingreso alto cierran su acceso  –y el de sus consumidores– a los mercados mundiales, son los más pobres del mundo los que más sufrirán.