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La elección de Netanyahu

Ramallah – A medida que se acerca la cumbre entre el presidente norteamericano, Barack Obama, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, gran parte de la discusión se ha centrado en si el recientemente elegido líder israelí terminará o no diciendo que respalda una solución de dos estados. Es un enfoque erróneo. Los israelíes no deberían determinar la condición de la entidad palestina, ni los palestinos tendrían por qué opinar en lo que los israelíes llaman su propio estado.

La única pregunta que Obama debería formularle a Netanyahu es: ¿cuándo abandonará Israel los territorios palestinos ocupados? No se debería permitir que ningún intento de ofuscación -ya sea hablando de una "paz económica" o insistiendo en que los árabes reconozcan el carácter judío del estado de Israel- haga fracasar el objetivo de poner fin a la ocupación inadmisible.

Durante el primer encuentro de Obama con un líder de Oriente Medio, se bosquejó un plan árabe simple y valiente. En calidad de apoderado de los líderes árabes, el rey Abdullah II de Jordania oficialmente presentó el plan de paz diseñado por la Liga Árabe y la Organización de Estados Islámicos. A pesar de las guerras israelíes en el Líbano y Gaza, los árabes ofrecieron relaciones normales con Israel una vez que se retire de las tierras que ocupó en 1967.

El plan también insta a una resolución "justa" y "acordada" del problema de los refugiados palestinos. El hecho de que israelíes y palestinos tengan que ponerse de acuerdo sobre una solución de la cuestión de los refugiados neutraliza los temores infundados de Israel sobre la amenaza demográfica planteada por el derecho de retorno de los palestinos. El pasado verano (boreal), cuando le mostraron un afiche con 57 banderas que representan a los países árabes e islámicos que normalizarán relaciones con Israel, el entonces candidato Obama le dijo al presidente palestino, Mahmoud Abbas, que los israelíes estarían "locos" si rechazaran ese plan.