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Nacionalistas y Globalistas

WASHINGTON, DC – Las elecciones holandesas se constituyeron, después de algún tiempo, en la primera luz de esperanza para las personas en Europa y Estados Unidos que se encuentran profundamente preocupadas sobre si la reacción violenta contra la globalización llevará al poder a aun más partidos políticos de blancos “judeocristianos”. El primer ministro holandés, Mark Rutte, derrotó al candidato antiislamista Geert Wilders, quien había planteado el cierre de las fronteras holandesas, la clausura de las mezquitas y la prohibición del Corán.

La manera estándar de describir a las fuerzas políticas que incluyen desde aquellas del partido Fidesz de Viktor Orbán en Hungría hasta las del Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia, así como también a los partidarios de Donald Trump en Estados Unidos es denominarlas como fuerzas “populistas”. El populismo se define como una tendencia política de las clases populares yuxtapuesta a una tendencia política de las élites. Sin embargo, por lo menos en Estados Unidos, la ideología de Trump – que poco tiene que ver con el tradicional conservadurismo republicano – enmarca el eje de división no como “los muchos” contra “los pocos”, sino como los Nacionalistas versus los Globalistas.

En el primer número de American Affairs, una nueva revista conservadora dedicada a “explorar el verdadero contenido de nuestra ciudadanía común”, el catedrático de la Universidad de Georgetown Joshua Mitchell escribe que “varias generaciones los conservadores pensaron que el enemigo interno era el progresismo. Hoy en día, estos conservadores tienen la idea de que se están enfrentando a un nuevo problema: el populismo”.

De hecho, Mitchell sostiene que lo que realmente está sucediendo no es un movimiento de masas populares, sino una “rebelión en nombre de la soberanía nacional”. Una rebelión en nombre de una nación conectada, de ciudadanos conectados unos con otros, conectados a sus “pueblos, ciudades, Estados y a su patria”. La forma como Mitchell explica lo que sucede, es que el nacionalismo de esta rebelión es un nacionalismo con conexión a tierra, enraizado en la riqueza de las asociaciones voluntarias que Alexis de Tocqueville identificó como el antídoto estadounidense contra el universalismo racional abstracto de la revolución francesa y de las revoluciones en el resto del continente americano.