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¿Una guerra de divisas accidental?

LAGUNA BEACH – Seis años y medio tras el comienzo de la crisis financiera global, los bancos centrales de las economías tanto emergentes como desarrolladas siguen llevando a cabo políticas monetarias caracterizadas por un activismo impredecible y sin precedentes. ¿Cuánto queda de este insólito camino?

Sólo el mes pasado, Australia, India, México y otros países bajaron sus tasas de interés, mientras que China redujo sus requisitos de reservas a los bancos y Dinamarca llevó a territorio negativo su tasa oficial para los depósitos.

Hasta los países tradicionalmente más obsesionados con la estabilidad han tomado medidas inesperadas. Suiza, yendo más allá de la reducción de las tasas de interés, abandonó repentinamente su política de vinculación parcial del valor del franco con el del euro. Unos días más tarde, Singapur también modificó inesperadamente su régimen de tipo de cambio.

Una medida con muchas más consecuencias es el compromiso del Banco central Europeo con un programa de gran envergadura y relativamente abierto en cuanto a sus plazos para la adquisición de activos a gran escala. El BCE tomó esta medida a pesar de las crecientes advertencias de que el estímulo monetario no es suficiente para promover un crecimiento duradero y de que estimula una toma de riesgos excesiva por parte de los mercados financieros, con el potencial de amenazar la estabilidad y la prosperidad económicas (tal como ocurriera en 2008).