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El espíritu de Milán

NUEVA YORK – Los titulares son espantosos. Escasez de equipamiento esencial que obliga a los médicos a tomar decisiones en el campo de batalla sobre quien vive y quien muere. Largas filas de enfermos esperan en vano un análisis de laboratorio o una cama de hospital. Negocios, tiendas, bares y restaurantes vacíos llevan a la economía mundial a un punto muerto. Y la lúgubre contabilidad de los países más golpeados por el coronavirus COVID-19, con EE. UU. que ahora toma la delantera: con casi 61.000 casos confirmados más que China, donde tuvo lugar el brote original.

En Europa, la pandemia golpeó con especial dureza a Italia, que está en cuarentena desde el 9 de marzo, en un intento por reducir la difusión del virus. Al 30 de marzo, Italia ha informado casi 98 000 casos confirmados de COVID-19. Más de 10 700 italianos, principalmente en la región de Lombardía, al norte del país, fallecieron hasta el momento debido a esta enfermedad. Milán, la capital regional, es más que un pilar de la economía italiana. La otrora bulliciosa ciudad está ligada inextricablemente al proyecto europeo y es un motor fundamental de la economía europea en su conjunto.

Sin embargo, a medida que aumenta la cantidad de muertes y la región experimenta tasas de contagio mayores que las de cualquier otra parte del continente, la Unión Europea y sus estados miembros han estado lentos a la hora de implicarse de manera significativa y mostrar solidaridad con su vecino en problemas. Por el contrario, los estados miembros de la UE han cerrado sus fronteras y se han centrado en sí mismos. Las dificultades en Italia empeoraron debido al cierre de fronteras, que la dejó sin provisiones y equipos médicos muy necesarios.

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