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Las opciones de Europa

STANFORD – Muchos europeos han llegado a creer que han capeado el temporal económico y financiero. En los dos últimos años, los déficits y la deuda se han estabilizado. Los réditos de la deuda soberana de las economías débiles en la periferia de la zona del euro han experimentado una marcada reducción. Portugal e Irlanda han salido de sus programas de rescate. Se ha dejado de hablar de la salida del euro por parte de Grecia.

Todo eso es cierto, pero hay un gran problema: el crecimiento económico en la Unión Europea sigue siendo anémico. El PIB de Holanda y de Italia se redujo en el último trimestre y el de Francia apenas ha cambiado. Los analistas están revisando y reduciendo sus cálculos del crecimiento de la zona del euro en 2014 a tan sólo el uno por ciento anual. El desempleo se mantiene en un asombroso 11,6 por ciento en la zona del euro en conjunto, frente al 10 por ciento en los Estados Unidos en el peor momento de la gran recesión. En Grecia y en España supera el 25 por ciento... y es aún mayor entre los jóvenes.

La economía de Europa sigue paralizada por tres problemas –la deuda soberana, el euro y los bancos tambaleantes–, pese a los nuevos apoyos normativos: el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), las políticas de relajación monetaria y tenencia de deuda soberana del Banco Central Europeo y la supervisión a partir de noviembre de los aproximadamente 130 mayores bancos de la zona del euro por parte del BCE. Ninguna de esas reformas ha sido suficiente para restablecer el fuerte crecimiento que Europa necesita urgentemente.

El generalizado descontento económico se refleja en la reciente inestabilidad política. Las elecciones al Parlamento Europeo celebradas el pasado mes de mayo conmocionaron a las minorías selectas de Europa, pues hubo partidos de extrema derecha, diversos eurooescépticos e incluso izquierdistas que lograron fuertes aumentos de votos en muchos países, impulsados en parte por la frustración popular ante la concentración de poder de la Comisión Europea. Gran Bretaña puede acabar celebrando un referéndum sobre su pertenencia a la UE en 2017, a no ser que se revisen algunas condiciones de su adhesión.